Sigfrido Benavides. Servicios Especiales

Incontenible al paso del actual desastre económico que se cierne sobre el estado, el ambulantaje mantiene copadas las principales calles del centro de la ciudad.

“Aquí nos hacemos comerciantes de la calle por necesidad, no por gusto”, indica uno de los vendedores en la vía pública, en  tanto que otro precisa que, incluso dentro de ellos mismos hay preferencias, pues las autoridades de ingresos de la presidencia municipal privilegian a los mercaderes que proceden del exterior a cambio de votos, por encima de los locales.

Ante esa situación, detallan que hace poco fue eliminado un negocio de tostadas de mariscos que se ubicaba a un costado de la fuente de Bicentenario, con lo cual un grupo de siete madres solteras perdió su fuente de ingresos en un momento en la que los ciudadanos de la capital tienen dos opciones: morir de hambre o ser presa de la delincuencia organizada.

Emilia Pesci, regidora ciudadana independiente en la presidencia municipal de Zacatecas informa que detrás del ambulantaje capitalino hay claros intereses políticos en manos de los candidatos que, para hacerse del poder, prometen en campaña cosas que luego no pueden cumplir con quienes les dieron su voto.

La regidora Pesci detalla que en una entidad como la zacatecana, que no ha sabido cumplir de manera cabal con todas las condiciones de bienestar de la población, resulta lógico que las personas busquen un sustento aunque sea en la vía pública.

“Es claro que Zacatecas como estado tiene múltiples situaciones de violencia derivadas de su pobreza, factor que no ha querido ni podido ser atacado mediante la aplicación de las correspondientes políticas públicas; por ello tenemos que entender la situación del ambulantaje como un hecho consecuente en la capital”.

La economía de la mayor parte de las familias capitalinas no se soporta bajo ninguna circunstancia, por lo que muchas de ellas optan por seguir el camino que les indicara por ejemplo el ex presidente panista Vicente Fox hace 17 años, quien, como mejor opción recomendaba irse a la changarrización familiar.

Y eso ha sucedido con muchas personas en la capital zacatecana que han copado los territorios de la capital en busca de opciones para sobrevivir.

Pero esa adecuación ha ocurrido de manera selectiva, muy sui géneris, a partir de favoritismos o en calidad de pago de favores políticos.

“Pues resulta claro que aquí no cualquiera puede tener un espacio para la venta de artículos en la vía pública, encima de que se pretende dar preferencia a todos aquellos que, “no afeen la visual capitalina” y de esa manera puedan vender en el primer cuadro de la ciudad. Pues no cualquiera puede hacerlo, a partir de esas características excluyentistas”.

Es decir que, explica, si alguno de los vendedores zacatecanos no es del agrado de quienes los colocaron en ese espacio, simple y llanamente no lo dejan trabajar.

Pesci refiere que, además, ninguno de esos comerciantes ambulantes está ahí de manera gratuita, pues el ayuntamiento les cobra una cierta cantidad por alrededor de 33 pesos diarios por derecho de piso.

También se ven obligados a tener alta en el Servicio de Administración Tributaria (SAT) de la Secretaría de Hacienda, en calidad de contribuyentes para el pago de impuestos en todas sus formas.

La regidora Pesci dio a conocer que no le competía emitir juicios respecto de quién o quiénes, bajo esas circunstancias, tienen derecho a gozar o no de un espacio para trabajar, habida cuenta de que Zacatecas capital no cuenta con la  capacidad para ofrecerles empleos seguros y bien remunerados a todos esos vendedores.

Algo que es claro es que “todos tenemos derecho al trabajo, tal y como lo prescribe la ley”.

Bajo esas causales se entienden el crecimiento y la multiplicación del ambulantaje en Zacatecas, por lo que el estado como institución es responsable de ese cúmulo de circunstancias anómalas y a partir de ello no puede demeritar a quienes lo ejercitan.

Recordó que a principios de la actual administración municipal, una cierta cantidad de ambulantes fueron retirados para posteriormente reinstalarse en otros puntos, otros volvieron al mismo lugar, éstos últimos lo hicieron porque tienen trazados convenios con la presidencia municipal desde administraciones anteriores, con lo que se amparan legalmente. “En ese sentido, el municipio no tiene otra más que respetar dichos convenios adquiridos  con anterioridad”.

Intereses políticos

Emilia Pesci dijo que detrás de todo el ambulantaje zacatecano hay intereses políticos, con los cuales se lucra desde el punto de vista electoral; dentro de las estructuras partidarias nunca falta quien prometa muchas cosas incluso aquellas con las que no podrá cumplir.

“De manera continua la presidencia confronta problemas con todas aquellas personas a las que ciertos candidatos prometieron desde un lugar o determinadas ubicaciones en zonas estratégicas e incluso la creencia de que, a cambio de un voto,  tendrían por ello derecho a ocupar por siempre un espacio en la vía pública”.

Zacatecas, al paso del tiempo, no ha podido dejar de lado el lucro a partir de las necesidades básicas o bien las carencias y pobrezas de sectores sociales mayoritarios.

“De manera invariable siempre aparecen intereses políticos en el momento de la asignación de esos espacios, basadas en favoritismos y compadrazgos”.

Todos esos hechos, explica la regidora, han llevado a la confección de esa nueva Babel zacatecana en Plaza Bicentenario, donde los transeúntes no pueden caminar porque de un lado los comerciantes establecidos decidieron ampliar sus negocios a la vía pública y, por el otro, los ambulantes comercian todo tipo de objetos, limitando así la circulación ciudadana.

Zacatecas tampoco ha podido respetar el derecho al libre tránsito peatonal pues en todos los alrededores, para el caso de avenida Independencia y otras vías aledañas, el comercio callejero se ha apoderado de las banquetas con los consecuentes riesgos y molestias para los peatones.

“De nueva cuenta, son las relaciones con ciertos personajes políticos las que impiden que la presidencia realice el trabajo correspondiente con todo lo que ello requiere para la recuperación de las calles para el uso pleno de los ciudadanos; no se les puede tocar porque al final resulta que se trata de la gente de tal o cual o sujeto y que ya hablaron con esos políticos para que nadie se meta con ellos”.

Al respecto, detalló que otro de los ejemplos es la invasión de la plazuela Miguel Auza, “pues no podemos permitir que solamente quienes pertenecen a ciertas élites de poder ocupen espacios públicos para percibir ingresos”.

“Lo correcto es que paguen por el uso de piso los ambulantes de Bicentenario y Arroyo de la Plata, además de aquellos ubicados en Miguel Auza, porque ese tipo de factores son los que permiten que en Zacatecas haya ciudadanos de primera y de segunda”.

Zacatecas pareciera no tener escapatoria, pues las políticas públicas que aplican los gobiernos orientan a la mayor parte de la población a delinquir o tener mil trabas para ejercer su derecho al trabajo; no se quieren buscar nuevas opciones para fortalecer la economía local con proyectos productivos locales”.

La lógica oficial afirma que el desarrollo es ponerse de tapete para que los ricos sean más ricos, lo que nos ha llevado al actual fracaso, pero insistir en ello no logrará más que incrementar los hartazgos de la violencia.

Finalmente dijo que las autoridades no pueden seguir criminalizando el ambulantaje, sobre todo entre aquellas personas que ejercen esas funciones de manera legal, pero tampoco se debe permitir con ello el beneficio de los amigos y parientes o bien de quienes dieron votos a la campaña.

Desorden apadrinado

En su momento, Marco Pérez, comerciante de frutas en Plaza Bicentenario expresó que el actual desorden comercial en el primer cuadro capitalino es apadrinado por la propia alcaldía.

Podemos llamarlo desorden surgido a partir de intereses políticos o de cualquier otro factor, pero siempre con base en la alcaldía zacatecana.

Pérez explicó que muchos comerciantes ambulantes proceden de otros puntos del país y que se les utiliza a cambio de votos para los periodos electorales, “mientras que a quienes son nativos de la localidad se les ponen trabas”.

 

En ese sentido, Pérez dijo que uno de esos personajes fue Héctor Banda Delgado, ex jefe de la unidad de Comercio en la alcaldía, quien permitió el ingreso de muchos vendedores de tamales procedentes del exterior sin haber cumplido con los requisitos que marca la ley.

Al respecto detalló que de acuerdo con lineamientos procedentes de la presidencia municipal capitalina, “habría órdenes para no tocar a la gente de fuera”.

“Por eso cuando la gente de Zacatecas va a la alcaldía a solicitar un permiso para vender elotes o gorditas no se lo dan, pero sí lo otorgan a comerciantes procedentes de Puebla, Oaxaca o el estado de México, que se han convertido en los principales invasores apadrinados por la presidencia y a quienes se utiliza con fines electorales”.

En el centro histórico capitalino hay 130 comerciantes ambulantes, de los cuales, 40 son originarios de la capital, quienes pagan 33 pesos diarios a la presidencia por el uso de piso y muchos están dados de alta en Hacienda, subrayó lo sostenido antes por Emilia Pesci.

“Zacatecas es uno de los lugares donde no hay salidas; por eso tanta delincuencia, aquí quienes no estudian se dedican al ambulantaje y, lo que es peor, los egresados de las universidades no pueden encontrar trabajo porque se les pide experiencia mínima”.

A la tostada

No hace mucho tiempo, dentro de esa insufrible Babel en que se ha transformado Plaza Bicentenario, otrora orgullo final del sexenio garcíamedinista, se hallaba un comercio en el que un grupo de siete mujeres vendía tostadas de mariscos y aguas frescas a precios módicos, muy cerca de la fuente, al pie de la parada de autobuses.

Una de las sobrevivientes indicó que fue la alcaldía la encargada de desaparecer el negocio, bajo el argumento de que en esa zona estaba prohibida el rubro de restaurantes.

De entonces para acá, las vendedoras de fruta en esa zona son acosadas por las autoridades municipales, quienes les exigen se retiren de la zona.

El negocio llamado Pacheco daba de comer por medio de su trabajo a ese número de mujeres solteras, quienes ante el fin de su puesto vieron perjudicadas sus respectivas economías familiares. “A ellas ya no les queda ni siquiera para salirle al paso al día”.

Añadió la quejosa que en reiteradas ocasiones han agendado una cita con la alcaldesa Judit Guerrero López pero que ésta no las ha recibido.

“Les exigimos que si no nos dejan trabajar ni las tostadas ni la fruta entonces que nos den trabajo en presidencia porque ya no nos dejan vender nada o la traen en contra de nosotras por medio de estos hostigamientos sobre todo cuando trabajamos para sobrevivir”.

Finalmente otra vendedora indicó que la presidencia las pone en jaque de manera constante, pues las amenaza mediante la instalación de vallas o veladas agresiones policiacas con el fin de amedrentarlas.

“Lo grave es que en Zacatecas hay mucha pobreza y no hay empleo, nos acosan más que a los delincuentes; eso es grave”.