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Por Gerardo Mata

No sé si verdaderamente haga falta que renuncie Enrique Peña Nieto a la presidencia de la República. Es cierto que es uno de los peores presidentes que ha tenido México en los últimos años; aunque eso es un decir nacido de la sensibilidad de esta generación alimentada ideológicamente por las redes sociales, y bajo el amparo de la virgencita de Guadalupe y Televisa, porque, mirando hacia atrás, no es posible encontrar objetivamente un presidente que haya sido completamente satisfactorio para los requerimientos de la nación. Quizás, por razones por todos conocidas, Lázaro Cárdenas guarde un lugar especial en el corazón de la Patria, particularmente por la magnitud del gran logro obtenido en su momento histórico; logro que se convirtió en monumento, el que luego fuera llenado de excremento por los líderes petroleros que se han enriquecido a costa de los trabajadores de Pemex y, por ende, del pueblo de México.

 

Pero si se renuncian Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray, Osorio Chong, Emilio Chuayfet, Rosario Robles Verlanga, y cuanto priista deshonesto hay en el gabinete, ¿sería suficiente para aliviar la ya pesada carga que soporta el país? Los defensores de la tesis suelen decir: “no, pero sería un primer paso de gran importancia”. Escuché decir a Fernández Noroña, por ejemplo, que de darse la renuncia de Peña, y si viniera otro como él (“su hermano”, dijo Fernández), el pueblo ya habría aprendido a correr a los que no les sirven. Eso, además de no ser cierto, es poco probable. Lo que ocurriría en el caso de que renunciara Enrique Peña Nieto a la presidencia de la República, es que el sistema se recompondría a sí mismo, asimilaría nuevas formas de preservar su ya muy larga vida, quizás cedería un poco y colocaría en lugar de Peña a alguien de la clase política nacional, que obedecería exactamente las mismas reglas impuestas por los priistas.

 

Durante muchos años la esperanza del pueblo de México fue que el PRI por fin dejara Los Pinos. ¿Quién no recuerda a Don Fidel Velázquez, quien aseguraba que “a balazos tomamos el poder y sólo a balazos nos lo quitan”? Pues se murió Don Fidel, y tuvo la dicha de marcharse de este mundo sabiendo eterno al PRI. Aunque luego vino el cambio de estafeta en el año 2000, y los mexicanos nos dimos cuenta que con el PAN subsistieron las mismas reglas, las mismas prácticas, los mismos protocolos de la clase política y todo fue casi igual; excepto porque a los panistas les tocó gobernar con una sociedad más informada. Pero las diferencias entre el PRI y el PAN son casi imperceptibles. Lo mismo sucede en estados que han sido gobernados por el PRD, en donde han llegado a existir diferencias de trato, de dicto y de facto, pero no hay diferencias de fondo, porque, ya sea de uno u otro partido, los políticos que actualmente dominan la escena nacional son los mismos y con las mismas mañas. De manera tal que la renuncia de Peña y su cártel sólo traería como consecuencia que otro cártel asuma el mando, pero eso de ninguna manera otorga garantías al pueblo de que es posible garantizar el artículo 39 constitucional.

 

A México le urge un cambio a fondo, profundo, radical. En aras de la democracia representativa, los trúhanes más viles, los criminales más abyectos, los ladrones más contumaces, los ignorantes más perversos, los asesinos más depravados y los borrachos más consuetudinarios, entre otros de tales características, son los que tienen mayores posibilidades de acceder a puestos de elección popular, y son promovidos por el PRI, el PAN y el PRD como sus abanderados. Por eso es necesario que la selección de los candidatos dentro de los partidos sea lo más transparente posible, y más aún. Del mismo modo debe facilitarse la incorporación de candidaturas independientes sin tantas trabas y sin tantos requisitos. Las instituciones deben reformarse al grado tal que las actuales deben desaparecer y dar paso a otras más evolucionadas y acordes a las necesidades reales actuales. La forma de gobierno debe cambiarse hacia una democracia participativa y de amplia vinculación social. Cambiar gente, pero seguir con el mismo sistema, es seguir rumiando cacaDSC_0970