• Ante 24 asesinatos en los últimos 16 meses

  • Grito desesperado por preservar la vida dentro del trabajo

  • Autoridades en tela de juicio

  • ¿Solución real o demagogia?

    Por El Caimán

Prácticamente con el nudo en la garganta el 97 por ciento de líderes del gremio taxista demandó, como un grito desesperado, que la Secretaría General de Gobierno y el propio Gobernador, Alejandro Tello Cristerna, intercediera por ellos para acabar de tajo con la ola de asesinatos que han sufrido los trabajadores del volante en los últimos 16 meses y cuya cifra llegó, hasta el miércoles 4 de abril, a 24 choferes ultimados.

En reunión que sostuvieron con el Subsecretaría de Concertación y Atención Ciudadana, adscrita a la Secretaría General de Gobierno, Alfonso del Real Sánchez, los afectados presentaron una serie de propuestas como el apoyo para instalar cámaras en las unidades y que sean monitoreadas por el C4. Cuestión más que plausible, también resultó provechosa, dado que no llegaron con las manos vacías “a ver qué caía”.

Con ese lenguaje directo de taxista explicaron a las autoridades que –de plano– los retenes, filtros y demás acciones que se montan sirven para maldita la cosa. Y es que la maña puede más que la estrategia en muchos de los casos; ahí está el caso del alcoholímetro, que se vuelve los viernes y sábados en un juego de “al gato y al ratón” y todos lo evaden.

Ahora bien, cuando tocó el turno de palabrear a los choferes para titular de la Subsecretaría del Transporte Público, Miguel Rivera Villa, les aventó un choro mareador, ­–de esos que inventabas en la escuela cuando había exposición y no habías estudiado nada–, y de paso, dentro del curverío y serpenteo de conceptos más, conceptos menos, les dio –sutilmente­– una recordadita sobre las “cosas” que luego se encontraban en las unidades al terminar de levantar las actas periciales.

Después entró al ruedo el Director de Policía de Seguridad Vial (DPSV), Oswaldo Caldera Murillo, jurando y perjurando que sí había presencia de sus agentes e incluso de estatales en casi todos los puntos. Mientras daba esta explicación, los invitados a la cena del Señor, ponían cara de Judas, puesto que no les estaban dando sino largas a una situación de agonía para ellos.

Luego de que hablaron hasta los que pusieron las aguas en la mesa, Alfonso del Real, pidió chanza de aquí a una semana para ver la situación de los taxistas; dejándolos en stand by o un tranquis Morris, llegando al punto de todas las reuniones: un poco de escuchar, demagogia y soluciones light para un gremio que sale todos los días a arriesgar el pellejo para transportar a desconocidos del punto A al B, pero lamentablemente algunos no logran llegar a concretar viaje por una artera bala o cuchillazo.