Por Norma Galarza

No hay loco que coma lumbre, dice el refrán popular y es la frase que aplica para el adefesio de Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), que entro en vigor hace semanas a nivel nacional y que hizo lo propio a nivel local hace pocos días.

  Y es que como generalmente pasa en la vida nacional, tratándose de nuestro sistema político y en un tema tan sensible como la lucha contra la corrupción, los “grandes cambios suelen reducirse a simples llamaradas de petate.

El SNA, desde su gestación  causó escozor en una clase política acostumbrada a hacer su santa voluntad y resultar exenta del escrutinio popular.

 Ante la urgencia de implementar mecanismos que palien el problema que corroe sistemáticamente la vida nacional que ha permitido el anclaje del crimen organizado que encuentra campo fértil en la corrupta forma de simular que se le ataca, es una lástima que el clamor de una sociedad harta no haya encontrado respaldo en los que se dicen sus representantes.

La primera puñalada que asentaron los diputados a la iniciativa que surgió de las entrañas ciudadanas encabezadas por  Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. (IMCO), fue la de echar atrás en esencia la iniciativa 3 de 3, que aspiraba convertirse en la Ley de Responsabilidades Administrativas.

 Y es que ante el peligro que representaba para sus intereses, diputados del PRI, atinaron a modificar el carácter obligatorio de presentar sus declaraciones de Ingresos, Interés e Impuestos, lo que les ocasionó fuertes críticas.

 Ante el descontento, los legisladores optaron por hacerle otra modificación para incluir al sector empresarial en la en la lupa y obligarlos a trasparentar sus ingresos en caso de tener contratos con entes públicos, esa modificación ocasionó protestas públicas por un grupo de empresarios afiliados a la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex)  quienes salieron a la calle en una marcha “contra la corrupción” que en su lado “B” escondía el interés de echar abajo esa modificación.

Luego en el senado la falta de voluntad que mostraron en la designación de un Fiscal Anticorrupción,  no a modo, como en el antecedente del titular de la Función Pública, quién exculpó a su patrón el Presidente en el caso “Casa Blanca”, es vergonzante.

Con todos esos antecedentes y pese a que el Banco de México (Banxico) refirió que en el 2015 la corrupción le costó al país al menos el 9 por ciento del Producto Interno Bruto, nuestros diputados descafeinaron el SNA hasta dejarlo como una ley que se acumulará con las que ya existen para seguir simulando que se combate a la corrupción.

Sin duda, el ejercicio social que representó la iniciativa que logró juntar casi medio millón de firmas para que los legisladores mostraran empatía los mexicanos, resultó en lo que ya se temía; un cacareo excesivo de fingir cambiar todo para que todo siga igual. A poco más de un año de la gesta de esa iniciativa, lo único positivo es que los mexicanos comprobamos que la única solución para acabar con los abusos de los poderosos que nos gobiernan es no quitar el dedo del renglón en temas de interés como la lucha anticorrupción, pese a que los “auscultados” muestren resistencia.

Hoy, pese a que los ahora integrantes de las Cámaras y en lo local los inquilinos del Congreso del Estado, pusieron en marcha con bombo y platillo un SNA (y su réplica estatal, el SEA),  es evidente que la falta de voluntad que mostraron nuestros representantes para acabar con una práctica que lacera a toda la sociedad, se les debe cobrar en las urnas el próximo año. ¿No cree?