Por Alberto Campos “Fushe”
En mi niñez, mi madre me llevaba al banco para realizar algunas diligencias y pedía ver al gerente. Invariablemente nos recibía un señor por lo general era un “Don” (Don Carlos),  mayor de edad, maduro, con experiencia, con un trato siempre amable, con decisión y resolución, mi madre salía contenta aunque nos negara un préstamo.  Creía  que la edad, la experiencia y la madurez era fundamental en la vida, y a su vez,  mi madre me decía: Don Carlos es un hombre honorable y le debes respeto, es mayor que tu. Esa palabra, -es mayor que tú- siempre me hacía saber que no solo era mayor en estatura o edad, sino que en experiencia y conocimiento por ende, merecía mi respeto.
Con los años y la tecnología, la experiencia, el conocimiento, la madurez han sido remplazadas por las tendencias, la igualdad y la practicidad. Han venido acompañando a nuestra sociedad, de manera especial a la política, de manera que lo que estamos viviendo en nuestros días es mas bien una especie -si me permite usted- de un mercado político (marketing político);  con tendencias a la brevedad. Incluso la memoria, todo debe de ser fast, (rápido),express (muy rápido), in (de moda).  Como resultado, ahora tenemos una clase política y políticos que no conocen la política, que no tienen causas, que no conocen a sus representados, a militantes que no conocen sus documentos básicos o plataformas y a representantes que no representan a nadie y que en ocasiones ni conocen sus distritos.
He visto a maestros de la política que hoy en día el mercado  político los ha dejado fuera, ya no existe el compromiso, el debate y las ideas; parecieran ahora expresarse como temas  personales y no críticos. Cómo  deberían de tomarse, la forma y el fondo, no existe más, la conveniencia y lastimosamente en muchos lados el amiguismo son temas de actualidad. La política solo sirve para hacer política, por eso  quien está en política debe de ser político, sino, lo es deberá de aprender.
El riesgo para quien no integra, no unifica, no incluye, no lidera y  no es capaz de salir fortalecido de la diferencia y la diversidad puede ser muy alto. La simulación, la traición y la confrontación, siempre será el riesgo. En una descomposición política, el enano crece y los menos se reúnen hasta ser mayoría, a los que excluyen se unen. En la vida,  la soberbia es pecado capital, en política es la muerte.
Para quienes han dado y dieron su vida a la política un reconocimiento, porque donde estén siguen y seguirán haciendo política. Una máxima dice “nadie está vivo para siempre, ni nadie muere para siempre”. Al fin que la política solo sirve para eso… para hacer política y la política la hacen los políticos, nadie mas, nadie menos.
Así las cosas, nos leemos hasta la próxima.