“Ay mis hijos” grita La Llorona

Flavio Vidales/La Cueva del Lobo

Noches frías. Aroma del café. La tertulia discurría en la trivial discusión para redimir a los desclasados, a la clase empobrecida. Doctas expresiones. Cargadas de citas de los grandes pensadores. Irrumpe de manera notoria, en ese estrecho espacio de no más de 10 mesas. La expresión lapidaria al ser descubierto de una infidelidad…

El calor se hizo bochornoso a pesar de la fría noche. Helada noche de invierno. Estupefacta la mesa de disertantes. No dan crédito a las nuevas malas que llegaba a estrellarse en la cara de quien hablaba de la fidelidad con la clase llamada a construir la “dictadura” del proletariado.

Con leve sonrisa que dibujaban sus pronunciados labios, dejó salir las palabras para el control de daños: ¡Mujer, que no ves que nos quieren dividir! Los adversarios políticos no duermen para tramar como detener el avance de la revolución.

La mujer no descifró el contenido del mensaje. Su interpretación fue contundente por el emisor del mensaje. Sublimada no atinó a pronunciar palabra. El silencio fue ocupado por el interfecto. “Ya ves mujer, los contrarrevolucionarios, los de la reacción quieren dañar mi imagen e inventan cada diatriba porque está próxima la victoria del proletariado.

Explica con fórmulas: Si A y B lograron consensos, unieron fuerzas. C se siente ofendido por haber sido retirado de la plaza. El detractor C, en franca desventaja, incide en la división para recuperar la plaza en menos de que cante el gallo.

La ofensiva sin cuartel

 

Te tiembla la mano. Cómplice de la traición al pueblo. Robo en despoblado. ¡Al ladrón! ¡Al ladrón! gritos destemplados de la multitud.

En la mesa de la esquina seguían a detalle el espectáculo.

 – Mira compadre, sólo el perro que va adelante sabe a quién le ladra. Los de atrás ladran por la esencia mimética de los mamíferos.

Enredados en sus propias elucubraciones. Llaman a la unidad y la postulación de una planilla. Ante la huelga electoral del contrario. Imposibilidad técnica, jurídica, de ambas, engañan al respetable. Dilucidan los lingüistas entre concejo y consejo. Proclaman los de la Comuna de París a la contienda libertadora de las buenas conciencias que dominan el escaparate de la polis.

A la risa y risa salen a la marcha por la salud –mental- y la felicidad que prodiga la inexperiencia de los contrincantes. Los de la Comuna de París marchan por las calles para concretar su inspiración y la aspiración: que se reelija al concejo.

En abono a la judicialización del proceso electoral que se alargará medio año. Tiempo justo para emitir la nueva convocatoria y entrar a otra controversia. ¿Se podrán reelegir en el 18?

Respuesta la tienen los que hicieron la reforma constitucional y legal. ¿Cuál fue su espíritu? Porque de la 62-63 Legislatura del Congreso de la Unión no lo podrán hacer el 18 sino hasta el 21.

¿Habrá reelección en el 21? Ya tocan la puerta los aspirantes. 3 de 3 de los que ya se fueron.

Sedientos de sangre. Adoradores de las telenovelas de ¡la venganza es dulce! Te tiembla la mano. Más de lo mismo. Cómplices del atraco.

Los círculos se estrechan. El canto de las sirenas llena el Lago de la Encantada. Sinfonías que encapsulan el alma.

Protegen a los devotos de San Judas. Llega el Mesías a redimir las almas descarriadas.

Los hijos ausentes verán a su padre antes de morir antes de la fecha prevista. De A y B quedarán solo malos recuerdos. C ve próximo retorno a la casa de la que no debió de abandonar por el sueño dorado de Los Pinos.

Muera el Rey, Viva el Rey

El prójimo vitoreará al que llegue. Los guerreros ya están cansados. Va su último aliento al 18.

Miguel Alemán lanza su Rúbrica. Noche de brujas. Cara color naranja, expresión malévola, promesas mágicas y pelos güeros artificiales. ¿Quién votará por una calabaza de Halloween?

En la noche de brujas la mazorca zacatecana quiere reaparecer como la Llorona: “Ay mis hijos” Después de haberlos sacrificado. Cuenta la leyenda:

“Tras la insistencia de la mujer y la negación del caballero, un tiempo después, el hombre la dejó para casarse con una dama española de alta sociedad. La mujer Indígena al enterarse, dolida por la traición y el engaño, totalmente desesperada, tomó a sus tres hijos, llevándolos a orillas del rio, abrazándolos fuertemente con el profundo amor que les profesaba, los hundió en el hasta ahogarlos. Para después terminar con su propia vida al no poder soportar la culpa de los actos cometidos”.