Por Norma Galarza Flores

Sin duda el libro de Ricardo Raphael es novedoso, porque como el propio autor lo señala en el Mirreynato (La otra desigualdad) “se observa a la sociedad de México, desde arriba de la escala de clases sociales y no como se acostumbra ver  desde abajo, desde la pobreza de sus mayorías,  nunca desde la opulencia de las pocas familias privilegiadas”.  Esta obra, aborda el modus vivendi de los millonarios, de sus hijos explícitamente, los herederos de esa abundancia, ganada sin el menor esfuerzo y que los convierte en personas prepotentes que discriminan, despilfarran, ostentan y que se perciben a sí mismos como “seres de más valor que el resto de la humanidad”,  colocados en la cúspide social, sólo por poseer cantidades enormes de dinero, sin importar claro está, el método por el cual sus progenitores lograron amasar tan enormes fortunas.

Ricardo Raphael, hace alusión a que, el comportamiento de los “mirreyes” es nuevo en el sentido de que predomina en esta “especie” la necesidad de ser vistos, ya que en el siglo pasado las clases ricas de nuestro país, se mostraban más reacias a publicar su vida privada, hoy los hijos de esta clase son adictos a ser admirados, a ser envidiados, son exhibicionistas. Su vida depende de traer el mejor carro, la novia más guapa, la cual no es vista como ser humano sino como un accesorio más de su espléndido entorno, las mejores joyas, la mejor ropa, además, estos jóvenes de entre 20 a 35 años, tienen una muy marcada tendencia a la apología del despilfarro.

El autor, desnuda un poco el “Yo” colectivo del mexicano al evidenciar que sostenemos a esta clase social en nuestro país, porque de alguna u otra forma “todos tenemos un Mirrey interior”, es decir, el Mirrey es ese sujeto, que “todos aspiramos ser”, el humano privilegiado que tiene lo que muchos consideramos “lo mejor de la vida” sin el más mínimo esfuerzo.

Pero ¿Por qué preocuparnos? Porque según señala Ricardo Rapahel el Mirreynato es un “régimen moral”, en el que de alguna manera todos los mexicanos participamos. Un régimen, donde predomina la ostentación, la prepotencia, la impunidad, la desigualdad, la corrupción, la discriminación, el desprecio por la cultura del esfuerzo.

¿Alusiones? Este síntoma es tan común que no es necesario rozarse con la alcurnia de la sociedad para obtener ejemplos, es tan cotidiano que nos pasa desapercibido. En nuestro entorno social,  el Mirreynato se manifiesta en cada esquina. Ahí tenemos personajes que por el hecho de tener un empleo o algún puesto público por pequeño que sea, son capaces de hacer gala de su prepotencia y su impunidad. Y no sólo eso, aún sin tener ningún puesto público o político este mal se encuentra en las venas de una sociedad acostumbrada a satanizar al diferente por el hecho de no cumplir con requisitos ideológicos o físicos estandarizados colectivamente.

Los ideales que conforman al Mirrey o Mirreyna, se encuentran en la mayoría de los miembros de  nuestra sociedad, el “malinchismo” tan típicamente mexicano, que promueve que lo extranjero es mejor, el hecho de enaltecer la obtención de riqueza con el mínimo esfuerzo son síntomas, de un mal evidenciado en este trabajo.

En introspectiva social, la generación heredera de unos padres que quisieron “que nada les faltara a sus hijos” y se insertaron en el mercado laboral descuidando el seno familiar, compensando la carencia de tiempo en familia, con objetos y con dinero, ha dado como resultado algo de nuestra sociedad “mirreynal”. Los padres que creyeron  que “matarse” trabajando horas extras en pro de conseguir un mejor futuro para sus hijos, a quienes se les olvido enseñar responsabilidad y la forma correcta de ganarse la vida, hoy se estarán dando de golpes al notar que el facilitar todo no fue la forma correcta de ejercer la paternidad.

Hoy, para la descendencia de los hijos del “mínimo esfuerzo” la situación empeoró. Nuestros niños crecen con la idea de que todo debe ser fácil, nos desentendimos de tal forma que por comodidad los expusimos excesivamente a los videojuegos, a la televisión, y crecieron con un concepto distraído de moralidad. De ahí, que para el joven y el adolescente de entre 10 a 20 años, sea más elegible trabajar para el crimen organizado, que estudiar, porque de esa forma puede acceder a un nivel de vida cómodo y frenético sin tener que esperar para lograrlo a través del esfuerzo. Esa cultura de obtener todo de forma fácil y rápida, nos tiene en la encrucijada social en la que nos encontramos el día de hoy. Y habría que preguntarnos ¿en qué momento descuidamos a nuestros niños que los arrojamos a los brazos del narcotráfico, el secuestro y la violencia? El hecho de que aproximadamente  86 mil jóvenes de entre 12 y 17 años manejen un arma  y la existencia de alrededor 8 millones de ninis, en nuestro país, es alarmante   La premisa de Ricardo Raphael de que “todos llevamos un Mirrey dentro” o al menos la mayoría, tiene (lamentablemente) mucha certeza.

El poder político en manos de Mirreyes

Ante la evidencia de que las  riendas de este país, las llevan los Mirreyes , políticos o  hijos de político,  que  a través del “puesto público” o por lazos cercanos, han logrado,  volverse los  ricos contemporáneos y los “nuevos ricos”  Los Mirreyes involucrados en la política nacional usan el dinero para discriminar, despilfarrar y  ostentar.  Irónicamente ese pueblo al que desprecian es, en muchos casos su fuente monetaria más fecunda. Y las prácticas de corrupción, impunidad, se encuentran ancladas en el hecho de que los lazos familiares con poderosos y poseer el poder,  son garantía de inmunidad. Hoy, los mirreyes y mirreynas acceden a curules en la cámara de Diputados a lugares importantes en los Gobiernos Federal y Estatal,  como si el quehacer de gobernar se transmitiera por vía genética, para ellos, el poder es sólo un “bien más” o el bien más importante, que garantiza su permanencia en  la cima del “edificio”, en el Pent House metafórico  de la vida social mexicana.

Con nuestra aprobación subconsciente nos gobierna una élite que por desgracia representa de acuerdo a Ricardo Raphael, en mucho, nuestras aspiraciones. Pululamos en un México, donde el poder del dinero no sólo compra objetos, también se compran conciencias.

Cuando Ricardo Raphael pone el dedo en la llaga al hacernos reflexionar sobre ¿Qué tan Mirreyes somos?, nos  invita a reconocer que como sociedad también somos parte del problema, y que, por suerte también podemos ser parte de una solución que nos lleve a  acabar con un régimen que incrementa aún más la brecha de desigualdad entre la minoría poderosa y la mayoría hundida en la miseria.