Artículo Especial

Por Norma Galarza

La semana pasada, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL),  le asentó un duro golpe al optimismo triunfalista de Enrique Peña Nieto al informar sobre los resultados de la medición de la pobreza en nuestro país y las cifras son poco alentadoras, ya que en tan sólo dos años el número de pobres incrementó a 55.3 millones de 53.3 millones que había en el 2012.  Es decir que tan sólo del 2012 al 2014, el número de pobres ascendió dos millones más, a pesar de las estrategias de combate a la pobreza implementadas desde el Gobierno Federal

Si bien es cierto que la SEDESOL emitió posicionamiento sobre este tema, señalando a manera de defensa del gobierno priista de Peña Nieto, que también en los primeros dos años de gobierno se logró “rescatar” de la pobreza extrema a 100 mil personas no mencionaron que éstas siguen siendo pobres, la realidad es que el modelo económico utilizado en México desde hace 30 años, no está funcionando a pesar del empecinamiento de una clase política que responde a los intereses que se mueven con  la maquinaria del dinero.

De nada sirve que, ya metidos en el deporte de prorrumpir desafortunadas declaraciones,  Rosario Robles señalara que el incremento de la miseria se debe a que  “nacen más mexicanos”, es evidente que el asistencialismo electorero de la Cruzada Contra el Hambre no es suficiente para enfrentar la falta de productividad de México.

Además, como ya lo había señalado la escritora y periodista Sara Sefchovich, en su libro País de Mentira, México tiene un problema cultural de estructura  que liga directamente  la falta de educación con la pobreza, la cual, suele reproducirse y se vuelve generacional. La pobreza, además, tiende a remarcar la brecha de la desigualdad; algo no está bien en México cuando los cuatro hombres más ricos del país incrementaron en tan sólo  5 años sus fortunas en 32 por ciento mientras el resto de la población perdió poder adquisitivo.

Somos más pobres que hace 30 años principalmente por la caída del ingreso per cápita en términos reales, al incremento del desempleo, al aumento de los precios de los bienes y servicios y a las políticas económicas no encaminadas a volver al país más productivo sino a condenar a su población a depender de un sistema político paternalista y corrupto.

Es importante señalar que de acuerdo al CONEVAL, la pobreza en nuestro país es multidimensional, es decir que se considera pobre a la persona que tenga por lo menos una carencia social; entre alimentaria, de salud, de servicios básicos en la vivienda y nivel educativo.

No es nada  errada la afirmación del economista de El Colegio de México Julio Boltvinik, quien asegura que en realidad son 100 millones de mexicanos los que viven en la pobreza pues en su estudio Evolución de la pobreza y la estratificación social en México, toma en cuenta el ingreso y 17 necesidades básicas.

Sobre la pobreza en nuestro país,  un factor de consideración es que tiende a concentrarse en los estados del sur, en Chiapas, dónde 3 de cada cuatro personas son pobres, Oaxaca, Guerrero y Puebla, estados dónde la condición étnica de la mayoría de su población acentúa más la condición de sumisión ante la miseria.

¿Las Reformas Estructurales serán la solución? La ola privatizadora que ya ha causado el despido de cientos de empleados de PEMEX, y que nos tiene a los mexicanos esperando que bajen de precio los combustibles y la energía eléctrica, no parecen ser la panacea esperada.

¿Por qué? La corrupción en nuestro país está tan arraigada que a manera de pretexto el presidente ya declaró que es “cultural” y es uno de los factores, que en gran medida frena los beneficios que pudiera proporcionar la libre competencia, porque la tendencia del Gobierno Federal a entregar las concesiones de las empresas desestatificadas a gente cercana al poder favorece a la concentración de las empresas en las mismas manos, acentuando aún más la desigualdad.

Sin duda urge un cambio de política económica en nuestro país, que incentive la productividad y el empleo, pero también urge que los salarios sean equiparables a la inflación ya que el salario real se ha estancado desde los ochentas. México, tiene la urgencia de dejar de ser un país cuya única fuente laboral se concentre en la burocracia, la urgencia de tener un sistema político vacunado contra la corrupción e incluyente. El Neoliberalismo ya demostró con creces que no es el sistema que conviene a un país que ve cada vez más lejano el sueño de abandonar el subdesarrollo. ¿No cree?…