Por Norma Galarza

De acuerdo a la Declaración de las Naciones Unidas (ONU,1993) sobre violencia contra las mujeres, todas las formas de violencia ejercidas contra ellas se asocian a desigualdades de poder y a desigualdades económicas. Hay, además de la violencia que sufren las mujeres por sus parejas y por otros hombres de su entorno, una más encarnizada; la ejercida por otras mujeres. Y una aún más encarnizada la que sufren muchas mujeres por otras mujeres a las que están subordinadas en relaciones laborales.

El pasado 25 de noviembre empezaron en Zacatecas las celebraciones  del Día Internacional de la Erradicación de la Violencia contra las mujeres. El día Naranja que se conmemora desde hace casi 20 años en todo el mundo, sirvió como telón para que al interior del Centro de Prevención y Atención contra la Violencia Familiar (CEPAVIF), Silvia Álvarez Vega fuera víctima de violencia psicológica y verbal por parte de su jefa Yunuén Micaela Ruíz Mendoza.

De acuerdo a lo relatado por la propia Silvia, desde el inicio de su ingreso a esa dependencia estatal,  el trato fue denigrante y discriminatorio.  Desde no asignarle un lugar permanente hasta  no asignarle funciones claras, fueron algunas de las muestras de violencia que hicieron mella en el día a día de Silvia,  como empleada del Gobierno Estatal.  La bomba explotó cuando encaró a su jefa quien durante el encuentro le notificó que “por su profesión y condición de mujer,  en esa dependencia, ella no le servía para nada (Sic)”; además, cuando la víctima le pidió  que por lo menos la dejara terminar el mes, la funcionaria estatal tomó una posición amenazante a tal grado de que Álvarez Vega afirmó haber tenido miedo de que su jefa la agrediera físicamente.

¿Caso aislado? Por supuesto que no. Hay cientos de mujeres que sufren la misma situación y deben callar por miedo a perder sus trabajos. El ingrediente secreto de ésta y la mayoría de los tipos de violencia tiene su esencia en los desequilibrios de poder. La violencia se ejerce porque se puede.

De ahí que pese a que se quiera usar el socorrido paliativo de bombardear cotidianamente a la sociedad con campañas publicitarias exhortando a luchar por la erradicación de la violencia, de entrada hace falta una autoevaluación en las dependencias federales, estatales y municipales para reconocer como se actúa desde dentro. Mientras no se reconozca que el combate a esta tara, requiere también la generación de mecanismos para impedir que ocurran al interior de las dependencias y haya un compromiso claro de protegerlas incluso tras bambalinas, la violencia seguirá su escalada, después de todo no se puede dar lo que no se tiene, ¿Cómo esperan que funcione una campaña que se hace de dientes para afuera? Y de las puertas de sus dependencias para afuera, imposible.