Por Norma Galarza 

Fueron varios los elementos que se juntaron para llegar al estado de inseguridad que padecemos, pero uno de ellos y creo el más importante, es la falta de cohesión social.

 Los ciudadanos dejamos de involucrarnos activamente en el cuidado de nuestras colonias y nuestras calles mientras la criminalidad echaba raíces.

Para llegar a la anarquía que hoy padecemos fueron años de alquimia entre el miedo, la complicidad de las autoridades y la apatía social que enarboló bajo la justificación de que “si no me te toca, no es mi problema”, o bien el consabido “se matan entre ellos”. Prejuicios que nos mandaron a la zona de confort.

 A 12 años de implementada la guerra contra el narco que menguó la participación ciudadana en espera de que la solución -que nunca llegó- descendiera desde las cúpulas del poder, es evidente, que hacernos a un lado no fue una opción inteligente.

Ni tampoco esperar que el gobierno haga el trabajo que no le exigimos a pesar de que la institucionalidad  sabe que la seguridad es un derecho mexicano inalienable, cuya carencia impacta todos los rubros de la vida económica y social.

 En Zacatecas, ese descuido nos sigue costando vidas, algunas injustamente criminalizadas que no solo suman negras estadísticas,  sino que contribuyen a la fuga de inversiones, porque nadie quiere invertir en un Estado inseguro.

 En el fenómeno al que nos enfrentamos, hay implicaciones tanto políticas como sociales. Es cierto que el gobierno debe hacer su parte pero nosotros, la sociedad también.

 A los zacatecanos nos toca vigilar el microespacio que compartimos con nuestros vecinos. No podemos omitir nuestra responsabilidad,  en nuestras manos está el recuperar nuestros barrios y colonias  y no permitir que la delincuencia se apropie de ellos.

También tenemos la tarea de cuidar a nuestros hijos para que no se conviertan en alfiles de los criminales y no terminen en el lastimoso oficio de carne de cañón.

Al Gobierno le corresponde, poner a trabajar a las corporaciones policiacas y dejar de simular mientras la burocracia convierte la denuncia en un calvario que revictimiza al que ose apoyarse en las instituciones en ese sentido.

Es inadmisible que las cárceles sigan llenándose de inocentes en espera de un proceso, mientras los asesinos siguen riéndose -amparados en su impunidad- mientras jalan el gatillo.

 Justo de eso se trata la marcha del jueves, es un compromiso por hacer desde nuestras trincheras lo que nos corresponde, sin evasivas.

El de mañana será un ejercicio de civilidad, marcharemos en paz por el Zacatecas que queremos. Estamos conscientes que es inmaduro e infantil esperar soluciones mágicas mientras seguimos en el marasmo evitando hacer lo que nos corresponde.

Saldremos a la calle ciudadanos que no podemos darnos el lujo de seguir apáticos mientras un problema enquistado en la médula social sigue cobrando vidas humanas.

Dejemos  el activismo de redes para tomar las calles, después de todo son nuestras. Ese es el espacio en el que convivimos, y el que nos urge recuperar, por eso hay que hacerles ver a los delincuentes que seguimos aquí, que no nos han vencido con su discurso de terror.

Los esperamos a las 5 de la tarde en la explanada de la Unidad Académica de Ingeniería desde donde partiremos.