Daniel Medina Flores

En el principio estuvo Caos y de él nacieron Sombra y Luz. Cuando sombra vio por primera vez a Luz, en su interior surgió una pasión que incitaba a unirse a su hermana. Pero ella tuvo miedo de Sombra y quiso alejarse. Entonces la pasión se convirtió en deseo y ocurrió que Sombra poco a poco rodeó a su hermana hasta arrinconarla. El miedo de Luz se hizo presente nuevamente y Sombra habló:

—No me temas pues aunque carezco del resplandor que tú posees, mi oscuridad contiene una llama que embelesaría tu poder y te dotaría de una belleza tan superior que sería imposible igualarla.

Luz dudó de sus anteriores pensamientos pues en el fondo deseaba tener una belleza que nada pudiera equiparar. Sabía, sin embargo, que la naturaleza que les proporcionó Caos los hacía diferentes y hurgó la forma de quitar a Sombra todo su poder y ser el único ser del universo.

—Ven conmigo— le dijo a Sombra— y que tu llama caliente mi ser hasta convertirlo en un fuego que me dote de belleza insuperable.

Sombra no dudó un instante y se unió a su hermana sin saber que era víctima de un engaño. Mas al unirse ambas entidades nació Ye, nombre que no es pronunciado en la lengua de dioses ni mortales, dotada de la belleza de Luz y la fuerza y pasión que contenía Sombra. Su poder era tal que sometió a sus padres, se convirtió en ama y señora del universo. Gobernó durante eones, mientras le rendían tributo.

Ye vio que hacía falta más vida en el universo así que levantó la mano derecha.

—Que emerja de Sombra la llama que aún vive en su interior.

Así nació la Luna, su primera hija. Y luego levantó su mano izquierda:

—Ahora tú Luz. Despoja parte de tu belleza y con ella iluminaré el reino de Sombra.

Así nació Sol, su segundo hijo. Pero este segundo vástago pronto menguó en poder y Ye supo que moriría si no lograba alimentarlo adecuadamente. Se acercó y tomó una hoja de obsidiana. Cortó su mano hasta que comenzó a manar líquido rojo, con eso lo alimentó y Sol pudo recuperar sus fuerzas aunque no para siempre. Cada determinado tiempo Ye cortaba su mano y daba sangre a Sol. De esta forma entendió que el único alimento que podía reconfortarlo y evitar su muerte era la sangre.

Ocurrió entonces que Ye, cansada por el esfuerzo de alimentar Sol, cerró sus ojos y quiso descansar. No escuchó ni vio cómo sus hijos comenzaron a pelear pues Luna estaba celosa ante las atenciones que su madre proporcionaba a su hermano.

—Tan débil eres que necesitas alimento para conservar tu poder— le dijo Luna a Sol— No eres más que una pesada carga que debe soportarse. Sería mejor que nuestra madre te dejara morir y de esta forma librarse del sufrimiento que conlleva curar tus males.

Sol, ofendido ante los ataques de su hermana, respondió:

—Si tan débil me crees—contestó— ¿por qué esperas a que nuestra madre descanse para lanzar injurias sobre mí? ¡Cobarde! Muestra el poder que tienes y que nuestro enfrentamiento determine quién de los dos es digno hijo de Ye.

—Que sean tus palabras la causa de tu desgracia — respondió Luna.

Los dos poderes chocaron y el universo se estremeció. Ninguno quería ceder espacio. Cada colisión produjo grandes explosiones, fue tal el poder que por instantes las sombras se iluminaron por completo. Cuando Ye despertó por la fuerza del combate se puso de pie. Encolerizada extendió sus manos, luego expulsó un gran poder que debilitó a sus hijos y detuvo la pelea. Tomó a Sol y lo colocó a su izquierda. Luna fue a parar a la derecha.

— ¡Qué estúpidos han sido! — dijo Ye— pues aunque sean fuertes y su energía sea magnánima. Ninguno tiene la fortaleza suficiente para anular al otro pues son hermanos y la eternidad los mantendrá unidos sea en constante lucha o pacífico convivio. Grandes planes tenía para ustedes, mi descendencia. Tendrían libertad de formar su propio reino y ser señores del universo. Ahora su pelea los priva de ello. Como castigo quedarán sometidos a mi voluntad, encadenados para siempre: Luna enfrente de mí y Sol atrás. El espacio medio entre ustedes será ocupado por mi trono y girarán a su alrededor. Desde ese lugar los vigilaré para evitar que vuelvan a confrontarse queriendo probar quién es más fuerte. — Así los hijos de Ye fueron cadenados y a partir de ese momento giraron alrededor del trono. Ni Sol ni Luna se encontraría cara a cara nuevamente.