Por Norma Galarza Flores

Si el Futbol es el opio de los pueblos, bendita droga. El día de ayer, las ciudades mexicanas detuvieron su ritmo vertiginoso a lo largo de 90 minutos, la atención pública se volcó frente a los televisores

La avalancha de descalificaciones e insultos que conforme se acerca el 1 de julio arrecian como granizada, parecieron desaparecer. Por horas todo fue festejo, griterío, abrazos y hasta lágrimas.

En 90 minutos los seleccionados mexicanos nos regalaron un coctel de emociones y pese a nuestras diferencias fuimos uno.

Hoy regresamos a la realidad, a la división que ha sembrado un proceso electoral que nos polariza y nos divide inútilmente pese a que ayer nuestra voz fue una al sonoro ritmo del oe, oe oe, oe.

Pasamos un domingo en el que olvidamos diferencias políticas y nos concentramos en el buen trabajo de dirección técnica que hizo el colombiano Juan Carlos Osorio. Ayer él y  su dulce acento el que también habló el entrañable connacional por elección Gabriel García Márquez, nos hermanaron.

 El jovencísimo Hirving Lozano nos hizo soñar con un gol que lanzó al arco rival un manojo concentrado de todos los sentimientos de un país.  Ayer México coincidió en una cosa;  el Futbol es la mejor catarsis para deshacernos de una realidad que nos agobia.

El lunes todavía arrastra ese optimismo la nota principal de los diarios nacionales, es de júbilo, y todos queremos que así siga. ¿Podemos conservar ese ánimo los próximos 14 días? ¿Y si olvidamos un poco la campaña electoral y desde ahora y hasta que termine el mundial nos concentramos en el disfrute de ese hermoso deporte?

Que no vengan ahora los amargados a decirnos que el atraso económico se lo debemos al Futbol cuando es verdad incontrovertible que varios  países de primer mundo sobresalen en ese deporte.  ¿Por qué no seguir como ayer, cansados de risa, ebrios de emoción en lugar de volver a la rutinaria de la descalificación facebokera?

¿Por qué no nos inyectamos una gran dosis de tolerancia y aprendemos que ese proceso electoral pronto pasará y no es inteligente arriesgar las amistades y las sanas vecindades?

Es por el bien de todos, finalmente todos queremos que a nuestro país le vaya bien, todos amamos lo amamos profundamente. ¿Y si nos proponemos dialogar en paz, respetar opiniones, no descalificar aunque sea hasta el 2 de julio?  Conjuremos el fantasma de la violencia a fuerza de unión y seamos de aquí en adelante lo que fuimos el domingo 17 de junio. ¡Sí se puede!