Por Norma Galarza

Artículo especial

La realidad que viven millones de niños mexicanos actualmente, se acerca más  al “infierno de mierda” del que hablaba Benedetti en su frase, que al paraíso que debe caracterizar a la edad de la inocencia.  La niñez en el México contemporáneo, se enfrenta,  a una etapa de violencia y falta de oportunidades, casi comparables a las que vivió nuestro país durante la época revolucionaria.

A esto súmele el abandono en el núcleo familiar que ocasionan los patrones de consumo actuales y que han arrojado a ambos padres al mercado laboral en busca de satisfacer un estilo de vida cada vez más difícil de alcanzar.

Pero sin duda el tema de la violencia es uno de los más graves y más urgentes de atener. Debido a ella, la infancia ha sido colocada como el blanco fácil y la principal víctima de una guerra prolongada más de 10 años por la irracionalidad de un gobierno carente de estrategia.

Y es que, la miseria “madre de todos los males” arroja cada año a miles de niños a los brazos del crimen organizado, donde son explotados y en la mayoría de los casos usados como carne de cañón. Y es que, de acuerdo a la Red de Derechos de la Infancia en México (RADIM), la pobreza, el génesis de la violencia generalizada en que vivimos, les roba los sueños de un futuro estable a 21.4 millones niñas y niños en nuestro país.

En ese sentido, las cifras publicadas por RADIM apenas en enero en su balance anual;  son desalentadoras, ya que en lo que va de esa guerra sin sentido, han muerto más de 2 mil niños en los 5 estados más violentos del país; Tamaulipas, Guerrero, Sinaloa, Morelos y Veracruz, por causas relacionadas con el crimen organizado.

Y es que de acuerdo a la misma fuente el combate al narco que ha significado un ataque de fuego contra fuego ha sumado ya  150 mil muertos y unos 28 mil desaparecidos, entre hombres mujeres y niños.

La educación el único cambio posible

Decir que la educación es la única forma de salir del círculo de desgracias que forma la miseria, de las que se desprende la violencia,  no es un cliché. El mundo tiene países cuyo nivel de bienestar se originó en un sistema eficiente de educar a su población; Japón por ejemplo.

Nuestro país, pese a la necesidad de una reforma a fondo motivada en la necesidad de generar cambios a futuro, sigue estancado en promover cambios que a la hora de mostrar resultados son adefesios diseñados para favorecer a grupos políticos, por lo que el tema educativo sigue estancando en un pantanal de buenas intenciones, que nunca llegan a cristalizar.

Paradójicamente, existen estudios que revelan que la educación es un garante de cambio generacional, es decir, si los padres hicieron una carrera universitaria, es más común que los hijos tengan la meta de ir a la universidad, ya que entre las familias los modelos suelen repetirse,

Si bien es cierto que un cambio de mentalidad por parte de la sociedad y de facilitar el acceso a la educación por parte de los gobiernos, no trae un cambio inmediato, contribuye a que los problemas que padecen las sociedades mermen con el paso del tiempo.

Es urgente que los cambios empiecen a gestarse. La indefensión en la que se encuentran miles de niños y niñas mexicanos, frente al monstro de la pobreza y sus hijas la violencia y la delincuencia, requiere mecanismos que interfieran inmediatamente, pero también se necesitan mecanismos que generen un cambio con miras en un mejor futuro para las niñas y los niños,

Este es el México que hemos construido todos ¿Pero, es el México que queremos para nuestros hijos? ¿Empezamos a trabajar juntos o seguimos dejándonos llevar por la corriente? Feliz inicio de semana.