Por Norma Galarza

En el México postrevolucionario el poder solo se ha compartido una vez y significó una regresión. En aquel entonces, el Partido Acción Nacional fue el elegido para,  con el señor de las botas, Vicente Fox, inaugurar el cacareado cambio, que nunca llegó. El “hoy, hoy” del entonces presidente se convirtió en el nunca, nunca.

La protección a una oligarquía política y económica siguió al ritmo marcado por el PRI con la alternancia. Pese a que el tricolor como partido hegemónico por décadas fue considerado hasta antes de la implementación del modelo neoliberal, como un instituto político de ideología de centro-izquierda, creador de las instituciones y las bases de la nación, el salinismo que pareció ver su fin con la llegada de Acción Nacional al poder,  lo convirtió en el aliado de las oligarquías.

Los que aspiraban al cambio que ofrecía Vicente Fox en el 2000, pronto se desilusionaron cuando se percataron que el panismo simpatizaba con la idea de soltar las riendas del país para que la rapiña empresarial nacional y extranjera sentara sus bases incrementando sus fortunas y trayendo en contraparte la acentuación de la desigualdad.

Metidos en su papel de oposición, los tricolores mantuvieron atoradas el Congreso de la Unión las reformas que remarcarían en nuestro país los efectos nocivos del modelo económico empujado por Whashington durante los 12 años que contuvieron el poder los blanquiazules.  Todo empezó con la silenciosa Reforma Laboral formulada por Felipe Calderón que causó sendas muestras retóricas en el recinto legislativo federal, donde sus impulsores los panistas, defendían a capa y espada una iniciativa que silenciosamente acabaría los derechos de los trabajadores.

 Los priistas la frenaron casi en los albores del sexenio calderoniano. La intentona de implementar el outsoursing para que los empleados no pudieran generar antigüedad entre otras regresiones,  se mantuvo en la congeladora del Congreso de la Unión hasta que, como aplanadora el tricolor retomó el poder en 2012.

La Reforma Laboral fue la entrada triunfal del peñismo reformador al poder, le seguirían a las demás modificaciones legales que se signaron por las mayorías en la LXII Legislatura Federal, luego de firmado el Pacto Por México.

La aprobación masiva de cambios a nuestra Carta Magna, fue exhibida como pactos pagados a legisladores, como lo denunció entonces, Javier Corral Jurado, el único panista en el Congreso que no se dejó comprar, pese a que su partido acudió como invitado especial al concierto  que movería a México. algunos partidos de  izquierda invitados al convite fueron los más perjudicados ya que el pacto los disolvió en el ácido de la ambición y el individualismo.

Las transformaciones estructurales (Laboral, Energética, Materia en Competencia Económica, Telecomunicaciones y Radiodifusión, Hacendaria, Financiera, Educativa, Política-Electoral, entre otras) con las que estuvieron de acuerdo lo mismo panistas, que priistas y perredistas, verdes, nuevaaliancistas, los del movimiento naranja, hoy son los hijos bastarnos que nadie quiere reconocer, por simple coyuntura electoral.

La experiencia de los últimos 24 años nos legaron la certeza que los acuerdos que nos perjudican se negocian en las cúpulas al ritmo  en el que chocan las copas de Moët & Chandon. Los damnificados, los contribuyentes, quedamos relegados a la espera de que cada proceso electoral vuelvan a inundarnos los sentidos con promesas recicladas. Intereses fingidos en nuestro bienestar, cuando de antemano sabemos que la mayoría pugna por intereses de grupo. Hoy estamos a 20 días de la culminación de un proceso marcado por el despilfarro de recursos, la desilusión y la cereza del pastel; una violencia inusitada. Antes de votar por los que ahora se candidatean, recuerde conocerlos por sus obras, no por sus palabras, castíguelos si en el pasado le fallaron, no les dé el privilegio de la duda a quienes demostraron que a quien le deben lealtad no es a usted sino al partido político que representan. Recuerde que hoy, el sufragio es la única forma y la más eficiente que tiene para rebelarse. Úsela no la menosprecie. Buen lunes.