*Reportaje ganador del primer lugar del Premio Estatal de Periodismo 2016 (Categoría Internet)

A Marco Casillas

Texto y fotos:  Norma Galarza

El cobijo en las faldas del cerro de la Virgen

Dice que se llama Isaías y viaja junto con su historia sobre un vagón por la red ferroviaria de México, que serpentea por valles, desiertos y montañas a lo largo de los más de 26 mil kilómetros que la conforman. Isaías sabe que los rieles conectan la frontera sur con la del norte, y es hacia esta última, precisamente, adonde dirige su esfuerzo y los sueños que la pobreza eclipsó en su natal Guatemala.

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El ferrocarril también une al Océano Pacífico con el Golfo de México. Salvo marcadas excepciones, hace mucho que ya no transporta pasajeros. Sin embargo, su majestad La Bestia sigue siendo el medio que utilizan más los migrantes —centroamericanos en su gran mayoría— para tratar de cruzar los miles de kilómetros que separan su desesperación (en sus lugares de origen) de una vida mejor (en Estados Unidos).

Isaías hizo un alto en el camino. Es muy probable que no lo sepa, pero entre Guatemala y el punto donde se encuentra ahora hay mil 837.3 kilómetros de distancia y aún le restan otros mil 198.7 hasta Ciudad Juárez, en Chihuahua, punto fronterizo por el que pretende cruzar sin documentos a territorio estadounidense, hacia El Paso, Texas.

Desde que el Estado Mexicano se convirtió únicamente en dueño de la infraestructura durante el sexenio de Ernesto Zedillo, el tren abandonó su vocación de transporte para convertirse en un medio destinado a los grandes movimientos de mercancías a mediana y gran escala, para trasladar las importaciones y exportaciones.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), son 670.7 kilómetros de vías ferreas (entre troncales, primarias, secundarias y particulares) los que atraviesan por el estado de Zacatecas, por los municipios de la capital, Guadalupe, Calera, Enrique Estrada, Gral. Francisco R. Murguía y Río Grande.

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La ruta ferroviaria México – Ciudad Juárez, llamado en sus inicios Ferrocarril Central, parte en dos la ciudad capital y la zona conurbada con el municipio de Guadalupe. En este punto, un área urbana de gran auge, donde la plusvalía ha bendecido a los bienes raíces, en la llamada “zona de los centros comerciales”, el tren no siempre lleva mercancías, sino que también  trae migrantes de diversas latitudes, quienes hacen un alto en su camino hacia el norte para apelar a la buena voluntad de la población.

Precisamente aquí es donde el hambre acumulada durante varios días le cobra la factura a Isaías, quien decide detenerse en Zacatecas, en el cruce ferroviario de Calzada de la Virgen, en las faldas del cerro del mismo nombre; aunque no piensa estar por más de 48 horas, únicamente en lo que consigue algo para comer y para la siguiente parada.

Un miedo natural

A esta hora de la mañana, el sol ya comienza a castigar. Ha sido un año especialmente raro con el clima, hace apenas unos meses cayó una fuerte nevada en el territorio zacatecano. Pero ahora, el calor de mayo obliga a Isaías a protegerse en la casi inexistente sombra de un joven mezquite; la noche anterior descendió de La Bestia.

Tiene 52 años y muestra recelo. Con su marcado acento centroamericano me dice que su miedo es natural, porque al principio creyó que yo era de alguna institución migratoria, que es uno de los problemas a los que se enfrentan con mayor frecuencia en México, debido a las deportaciones.

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De acuerdo con cifras de la Delegación Estatal del Instituto Nacional de Migración (INM), en 2015, el número de migrantes detenidos en territorio zacatecano fue de mil 951. Sin embargo, debido a que el porcentaje de los que optan por la ruta del tren es muy bajo, los operativos se enfocan a carreteras y centrales de autobuses.

La prevalencia de países de origen de los migrantes asegurados corresponde a Honduras El Salvador y Guatemala, como el caso de Isaías. En 2015, tres acciones de esta clase lograron captar la atención de la prensa nacional e internacional por el número de personas aseguradas.

En el primero, ocurrido en febrero, 101 migrantes de Honduras, Guatemala y El Salvador —28 menores entre ellos— fueron detenidos y puestos a disposición del INM cuando viajaban en dos autobuses con destino a Tamaulipas.

En abril, 49 centroamericanos de El Salvador, Ecuador y Guatemala fueron asegurados en el puesto de revisión de la carretera federal 45 tramo Fresnillo-Las Palmas. Los migrantes viajaban de la Ciudad de México con destino a Sombrerete, municipio ubicado al norte del estado.

En septiembre, 150 migrantes (25 menores y 125 adultos) guatemaltecos, salvadoreños, hondureños, dominicanos y ecuatorianos fueron rescatados, durante un operativo de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), Policía Federal e INM, a cuando viajaban en la caja de un tráiler, sobre la carretera federal 54, en el municipio de Villa de Cos. El precio fijado por los traficantes fue de entre 30 y 50 mil pesos para llevarlos a la frontera con Estados Unidos.

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Una ruta larga, pero segura

Isaías nació en la sierra guatemalteca; de ahí sus rasgos indígenas. Mientras bebe un poco de agua, aprovecha para contarme algunos aspectos sobre su vida y confesarme que está arrepentido de haber venido para acá. Sus ojos, inflamados por la conjuntivitis, se llenan de lágrimas.

Su ropa luce raída y sucia. Su rostro, curtido por el sol, no oculta las cicatrices dejadas por el acné. Pero las cicatrices que más le duelen son las que le ha dejado la distancia desde que salió de su pueblo; allá donde sólo puede dedicarse a la pesca o a la palma (la palma de aceite es uno de muchos otros cultivos que sustituyeron la siembra de algodón en Guatemala por la década de los 80) y la paga no le alcanza para vivir.

Isaías dejó a su madre y a un hijo de casi 20 años que tiene que estudiar, porque la vida es difícil, como él mismo dice, y aunque ha tenido accidentes durante el trayecto, Dios le ha permitido sobrevivir. Se refiere a los mexicanos como “buenas personas”, que lo tratan bien. Es la primera vez que recorre la ruta que atraviesa Zacatecas porque “es una de las más largas, pero dicen que es más segura”.

De acuerdo con el reporte Víctimas invisibles. Migrantes en movimiento en México, elaborado y pubicado por Amnistia Internacional en 2010, el viaje de los migrantes a través del país constituye en una lucrativa fuente de ingresos para las bandas delictivas y el secuestro a cambio de rescate se ha generalizado.

El mismo estudio revela que cada año, miles de migrantes son secuestrados, amenazados o agredidos por miembros de bandas delictivas. La extorsión y la violencia sexual son generalizadas y muchos desaparecen o son asesinados.

La ruta del tren que pasa por Zacatecas era poco utilizada por migrantes hasta hace poco. Pero debido a que el crimen organizado se apoderó de los estados de la ruta que desemboca en Reynosa, en el estado de Tamaulipas, donde el trayecto de frontera a frontera es apenas de mil kilómetros, cientos de migrantes han optado por tomar la larga ruta del viejo Ferrocarril Central.

El informe de Aministía Internacional está lleno de testimonios desgarradores de migrantes centroamericanos para quienes su tránsito por México se volvió una verdadera pesadilla que antecede al sueño americano.

Pese a la crudeza de los testimonios, destaca un aspecto en particular: los migrantes señalan directamente a autoridades mexicanas de todos los niveles por estar coludidas con quienes los secuestran, torturan, venden o esclavizan. Como es de suponerse en estos casos, las niñas, niños y mujeres son quienes llevan la peor parte.

Los derechos humanos no viajan en el mismo tren

Isaías me cuenta que hasta el momento no ha solicitado ayuda a ninguna organización  defensora de los Derechos Humanos en México porque tiene miedo de que lo denuncien ante las autoridades migratorias. Pareciera que los Derechos Humanos no viajan con ellos en el mismo tren.

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Sin embargo, Juan Carlos Martínez, visitador número 4, encargado del tema de migrantes en la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Zacatecas (CDHEZ), refiere que en los últimos meses han atendido varios casos de migrantes que viajaban en tren por el territorio estatal.

El primer caso de queja interpuesta obedece a una acusación por parte de un migrante salvadoreño contra elementos de la Policía Estatal Preventiva (PEP), a quienes acusó de haberlo derribado del tren; sin embargo, luego de investigarse el caso, se llegó a la conclusión de que el argumento del migrante era falso.

Según Juan Carlos Martínez, hay muchas personas que utilizan ese argumento por que la Ley de Migración establece en uno de sus apartados que a la persona que haya sido objeto de un delito en México se le darán facilidades para su regulación migratoria.

Otro caso fue el de un migrante detenido arbitrariamente por la PEP, porque pedía apoyo económico a la población para continuar su viaje. Luego de la investigación, la CDHEZ concluyó que no cometía ningún delito, por lo que fue liberado. No obstante, aún sigue en proceso la investigación para determinar las sanciones contra los elementos de dicha corporación policiaca.

Asimismo, agregó que la CDHEZ vigila que los migrantes reciban un trato digno mientras son repatriados, que no sufran discriminación, que se les provea alimento, alojamiento y atención médica, es decir, lo básico para satisfacer sus necesidades durante su estancia en México.

Hubo también un caso de un migrate que cayó del lomo del tren y sufrió la amputación de ambas piernas. En este caso, la CDHEZ estuvo al pendiente de su recuperación en el Hospital General Fresnillo. Cuando se recuperó, el INM gestionó su traslado en avión a su lugar de origen y la Comisión realizó una colecta entre el personal para apoyarlo.

Esperanza y flores de hojalata

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Le pregunté a Isaías cuál era su mayor miedo. Se tomó un momento para meditar la respuesta; supe que la tenía, pero no me la dio. Dio un viraje a la conversación: “consígueme por favor unos tines, ¿o cómo les dicen aquí?, es que no traje”; le contesto que más tarde regresaré a darle algo de ropa y más comida para el camino.

Intuyo que su mayor miedo es el de morir; aunque también el de ser detenido o caer en manos de algún cártel, una pandilla o de las propias autoridades; también está el miedo a la repatriación, porque supone empezar nuevamente el viaje.

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Según datos del INM, el número de migrantes extranjeros detenidos por la dependencia federal incrementó en 2016 con relación al mismo periodo, pero de 2015. Es decir, durante el trimestre de enero a marzo del año pasado, hubo 255 personas detenidas, pero en los primeros tres meses del presente año, la cifra aumentó a 459. Todos los migrantes fueron regresados a sus países de origen.

En cuanto al porcentaje de género, las cifras de 2015 arrojaron que el 70 por ciento de los migrantes eran hombres y el 30, mujeres. En cuanto a las edades, el grupo mayoritario fue de 15 a 35 años. El registro de niños migrantes que han sido detenidos es relativamente pequeño, con un 10 por ciento (de 12 años o menos). Los principales países de origen de los migrantes son Honduras, El Salvador y Guatemala.

Isaías termina el refrigerio que le traje y me obsequia una flor de hojalata. Me pregunto dónde será su siguiente parada. A partir de ahora, casi todo en la vida de este migrante guatemalteco es incierto. Pronto pasara La Bestia y debe abordarla. Le prometo que traeré los tines; pero a mi regreso ya no está.

Observo la flor con atención, es la vida que surge de la chatarra y se recicla, eso responde la pregunta que su creador no me dio momentos antes. Estoy segura que si volviera a existir una estación del tren en Zacatecas, sin duda alguna debería llamarse Estación Esperanza.