Por Norma Galarza

Pese a que AMLO aún no toma posesión como Presidente de la República  la avanzada del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) tanto en el Senado como en la 64 legislatura federal, ya empezaron a sacar el cobre.

En la primera traición al pueblo, la omnipresente mano de López Obrador tuvo mucho que ver en concederle al “El Güero” Velasco, la capacidad de estar como la Santísima Trinidad, aquí, allá y en todo lugar.

Muchos quieren atribuirle autonomía a las bancadas de Morena tanto en la Cámara baja como en la de senadores simulando que las ideas en contra de lo que se esperaba del “Peje” se deben facturar a nombre de los coordinadores de las bancadas en ambas.

¿Cómo pensar que se mandan solos, cuando, por ejemplo los diputados afines a su proyecto, corearon en su llegada a las curules, que era “un honor estar con Obrador”?

Además, si algo se sabe del oriundo de Macuspana, es que es un ser pragmático. Si bien el acuerdo del regreso de Velasco a Chiapas según voces traía implícito el cambalache del favores a cambio de 5 diputados del Verde -que de acuerdo a Arturo Escobar, quien coordina a los del PVEM, en el Congreso,  les salió  “baratísimo”- hay otros motivos que impulsaron a  AMLO a respaldar esa decisión del Senado.

El coqueteo mutuo desde tiempos de campaña,  el rumor de que el esposo de Anahí, colaboraba con recursos de los chiapanecos para cristalizar la Cuarta Trasformación, son los antecedentes del favor.  Aceptémoslo AMLO es pragmático de origen, no por nada ignoró todas las críticas sobre su tendencia a rodearse de personajes cuestionados, ahí está el caso de Bartlett, por ejemplo.

Prueba de que las decisiones que se toman en las cámaras, las auspicia el Presidente, es que evade hablar del tema y no ha habido el “jalón de orejas” contra la bancada de su partido por tan controvertido tema.Tampoco llegará el jalón de orejas contra el coordinador de la fracción parlamentaria de Morena en la Cámara de diputados, Mario Delgado, por “posponer” hasta nuevo aviso el tan cacareado plan de austeridad en el que se pretendía bajar los sueldos de los integrantes del Poder Legislativo.

Dice el refrán que el que sirve a dos amos invariablemente con alguno quedará mal y al Presidente Electo  traiciona a la gente que votó por él por su necesidad de complacer a todos.

No por nada pavimentó el camino para no tocar ni con el pétalo de un cuestionamiento al todavía residente de Los Pinos con quien se rumora hubo acuerdos de impunidad previos.

 ¿Es su personalidad pacifista  o más bien una enfermiza timoratez que lo hace no querer conflictuarse  con nadie o simplemente todo su discurso es simple demagogia?

Con el objetivo logrado, no podía esconder para siempre sus verdaderas intenciones,  es claro que lo que fue anunciado con bombos y platillos como Cuarta Trasformación, empieza a desdibujarse ante el desencanto de los millones de mexicanos que confiaron en él y su proyecto.

Lo de Velasco, lo de echar abajo la propuesta de que los diputados no ganarían más que el Presidente, aunque no fueron decretos, es obvio que tienen su venia, pero son rayitas implícitas en el tigre de la credibilidad del partido de AMLO y sus satélites.

López Obrador aún no es Presidente en funciones, pero la tendencia “transformadora” de sus adeptos a quienes premió con curules, patentizan que los principios que llevaron a “La Esperanza de México” al poder, responden solo a estrategias de mercadotecnia para vender un producto que da muestras de que será lo mismo y quizá ni siquiera nos saldrá más barato. Ojalá me equivoque.