Por Andrés Vera Díaz

La intención del impuesto ecológico abre un debate de los derechos que como Estado Libre y Soberano tienen las entidades en el federalismo mexicano. El hecho de que la explotación de los recursos naturales sea de atribución exclusiva del Gobierno Federal ha imposibilitado su aplicación en Zacatecas, pero entonces la “autonomía” de cada ente estatal se convierte en una falacia jurídica.
El hecho de que la minería sea una fuente de empleo importante para los municipios donde se concentra la actividad, hace pertinente entonces, que sea el propio estado el que regule y administre los recursos derivados de una actividad que se ciñe en su seno.
La declaración del gobernador Tello: “me la jugué con Peña, espero reciprocidad”, sólo demuestra el paternalismo, el endiosamiento del presidencialismo mexicano, y es que aunque la Constitución Política de Zacatecas señala que:

Artículo 1

El Estado de Zacatecas está constituido conforme a los principios del pacto federal que rige en los Estados Unidos Mexicanos, por la libre voluntad del Pueblo asentado en su territorio de organizarse políticamente y convivir en una comunidad sujeta a un orden jurídico y representada por un gobierno de origen democrático.

Artículo 2

El Estado de Zacatecas es Libre y Soberano en todo lo concerniente a su régimen interior y, por ser parte integrante de la Federación, tiene como ley suprema la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Las facultades que esta Carta Magna no otorga expresamente a los Poderes de la Unión se entienden reservadas para el Estado.

Son potestades del Estado de Zacatecas expedir su propia Constitución, sin otra limitación que la de no contravenir los principios inscritos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; formular y promulgar todas las leyes necesarias para regir las funciones públicas y la convivencia social dentro de su territorio, con excepción de los ordenamientos relativos a materias que son de la competencia exclusiva del Poder Legislativo Federal; y elegir o designar libremente a los titulares de los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial del Estado, los que ejercerán sus funciones con plena autonomía unos respecto de los otros y sin injerencia alguna de los demás Estados ni de la Federación.

Se advierte que: Posee, además, el atributo de intervenir, a través de la Legislatura del Estado, en todo proceso de reformas a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como de participar en la formación de las leyes federales, mediante el ejercicio de la facultad de iniciativa.

Es decir, la normatividad provee de los instrumentos legales para promover cambios en las atribuciones, por lo menos teóricamente. Aunque parece en realidad una fantasía que la Federación permitiera el libre albedrío de los estados “unidos” mexicanos, la falta de verdadera soberanía ha promovido algunos movimientos independentistas en el País. Para Zacatecas eso es prácticamente el suicidio por la superdependencia a los recursos emitidos desde el poder central, pero ante la crisis económica derivada de administraciones opacas, que son irónicamente protegidas también por el presidencialismo, se hace pertinente que la consideración de otorgar permisos temporales de cobro de tributos especiales sea posible.

El Federalismo no se rompe del todo, la soberanía estatal tendría –por lo menos en cierto grado- una justificación jurídica de existencia y aunado, al castigo ejemplar para aquellos que derrochen las arcas locales, proveería de un dominio pleno institucional de una nación conformada por identidades particulares.

El problema es la enorme dependencia federal, con planes arcaicos de desarrollo porque precisamente, al no contar con opciones de sostenimiento propio, la sujeción provoca institucionalmente en el gobierno local, una cultura despilfarradora en la que los gobernantes y administradores dejan la carga a quien tenga la “responsabilidad en el próximo trienio o sexenio”. Eso por la falta de un proyecto unitario y la democracia oportunista.

Existen naciones europeas y los propios vecinos norteamericanos, que a pesar de las diferencias ideológicas y políticas, se construyen en base a una visión social expandida. Por ejemplo, en Japón, planean su progreso en décadas. Alemania fomenta el nacionalismo con una política de la calidad en sus productos y la disciplina financiera y educativa, pero en México, así como en Zacatecas, el crecimiento se plantea en términos electorales para el mantenimiento del poder en base a migajas populistas, aderezado con la idiosincrasia de “en lugar de ayudarte a crecer, prefiero chingarte para mantenerme yo en un estatus superior”.