Norma Galarza

No cabe duda que este periodo preelectoral para renovar la Cámara de Diputados, varias alcaldías y algunas gubernaturas, ha manifestado ser una etapa convulsa. El recrudecimiento de la violencia con enfrentamientos armados en varios puntos del territorio nacional,  como el hecho ocurrido el viernes pasado, dónde según las cifras oficiales perdieron la vida 43 personas (ese número que ha resultado ser el karma de este sexenio) y que lacera de nueva forma, la carcomida credibilidad del gobierno por ciertas versiones sobre evidencias fotográficas de que los hechos fueron manipulados en el “supuesto” enfrentamiento en Tanhuato Michoacán, han levantado fuertes sospechas sobre la legalidad con la que se está llevando el tema de la seguridad en este gobierno, que ya carga con fuertes acusaciones de crímenes de lesa humanidad en Apatzingán municipio de la misma entidad y en Tlatlaya en el Estado de México.

La falta de credibilidad es  un síntoma muy evidente de que en México hay problemas, y la que padece la presente administración, ha sido provocada en muchos casos por ellos mismos porque las versiones oficiales tienden a caer en contradicciones, en un tiempo dónde  el horno no está para bollos. Aunado a este oleaje de violencia y versiones encontradas de los hechos, sin duda, está la falta de reacción y de resultados de las corporaciones policiacas para resolver los casos de asesinato de varios candidatos, que de enero a la fecha, suman 7 postulantes masacrados,  que contendían  a puestos de elección popular por  los partidos PRI-Verde, Movimiento Ciudadano, PRD y Morena, en los estados de Guerrero, Michoacán, Tabasco, San Luis Potosí y Oaxaca,  sin que hasta el momento se tengan consignados a los responsables.

Además de este panorama de violencia, otro factor que daña profundamente la credibilidad de las instituciones gubernamentales y que actualmente forma parte de la cotidianidad mexicana, es la burla de que está siendo objeto el INE por parte del Partido Verde Ecologista, quien viola la ley con una impunidad sorprendente demostrando que el otrora garante de “elecciones limpias” después de la Reforma Político Electoral, ha mutado a ser una institución sin autonomía que defiende intereses de grupo, en aras de perpetuar el poder en manos de unos cuántos.

Nuestro país, enfrenta hoy retos muy importantes, decisiones trascendentales, pero sobre todo, enfrenta una crisis de credibilidad no sólo al interior del territorio nacional sino que, incluso, más allá de las fronteras. El próximo 7 de junio puede ser determinante para el partido en el poder, las próximas elecciones pueden ser usadas como el termómetro que medirá la aceptación del regreso del partido tricolor al poder después de 12 años de alternancia política.

Las promesas de una economía boyante hechas al inicio del mandato de Enrique Peña Nieto, que parecen diluidas entre la corrupción y la inseguridad operantes,  han marcado los casi 3 años ya, de este  gobierno.

Sin duda, lo que ocurra el próximo 7 de junio marcará por mucho el futuro de la democracia en México, será, la oportunidad de hacer un balance que puede ser positivo tanto para la sociedad como para el gobierno, las próximas elecciones pueden ser la oportunidad del electorado para darle un voto de castigo al Gobierno de Enrique Peña Nieto o para refrendar su aceptación. Al tiempo.