Por Norma Galarza/La Cueva del Lobo

El fin de semana pasado la Secretaría de Hacienda anunció un nuevo incremento en el precio de la gasolina y el diesel, a partir del primero de septiembre, el mismo  día en que el Enrique Peña Nieto, rendirá su cuarto informe de gobierno. La gasolina “Magna” que costará 2 centavos más, para ubicarse en los 13 pesos con 98 centavos y el diesel llegará a  los 14 pesos con 45 centavos, la gasolina “Premium”, mantiene su precio de casi 15 pesos por litro.  Ésos aumentos,  viene a dar al traste con el discurso de que ya no subirían los precios de los combustibles, uno de los supuestos beneficios de la Reforma Energética, la carta principal de navegación con las que se pretendía “Mover a México”.

¿Pero suben las gasolinas, para que PEMEX, nos venda productos de mejor calidad? No. Los incrementos se justifican sólo en la necesidad de captar ingresos de la Secretaría de Hacienda,  ya que,  (según la Asociación Mexicana de Empresarios Gasolineros A.C.(AMEGAS), del precio máximo al público (13.98) más de 6 pesos de cada litro, se destinan al pago de los impuestos IEPS e IVA.

Aumentar la gasolina al consumidor final, es evidencia de que es sistema de captación de ingresos implementado por el gobierno de Enrique Peña Nieto es ineficiente. México tiene un sistema de captación fiscal aún con muchos vacíos y dónde no se ha cumplido la promesa de que el que tenga más ingresos contribuya más, sino que se sigue cargando la mano a los mexicanos “de a pie”. A este panorama súmele, además,  las caídas sistemáticas de los precios del petróleo, una de las principales fuentes de ingresos a las arcas federales, y tendremos que la única forma de enfrentar la debacle es la de saquear aún más, los bolsillos de los mexicanos, que ya no vemos lo duro, sino lo tupido.

Sin embargo hay voces que justifican los aumentos con el argumento de que los principales consumidores de gasolina son los ciudadanos con mayor poder adquisitivo, sin embargo la realidad, es que, el incremento de los combustibles empuja a incrementos también en el transporte público y a una escalada de precios en los bienes y servicios, porque a los costos de producción habrá que agregarles el incremento en el costo de los combustibles necesarios para su transportación ¿O cómo traemos los productos del campo a la ciudad?

 

Y aún podemos ser optimistas, ya que la gasolina podría costarnos más cara si se produjera aquí.  Nuestro país, a pesar de ser  poseedor  de grandes yacimientos petrolíferos, no ha dado el paso del sector primario al secundario, y para variar no satisface la demanda interna de combustibles por lo que recurre a la importación de gasolina y diesel. Nuestro país importa 62 de cada 100 litros de la gasolina que se consume en el país, de acuerdo a la Base de Datos de PEMEX y compra 75 de cada 100 litros de diesel, que vende, por lo que como productor, es ineficiente.

Litros de menos, gasolina sucia  y cara

A la queja de que tenemos una de las gasolinas más caras del mundo súmele, la percepción de que en las gasolineras “nos echan de menos”. Los niveles de corrupción en la paraestatal, son alarmantes ya que tan solo el año pasado la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) clausuró más de 3 mil establecimientos en todo el país, pero no acabó con el problema porque cientos de establecimientos siguen vendiendo litros incompletos.

Un pretexto que quiso usar el gobierno federal, para justificar el aumento de las gasolinas fue, el de la protección al ambiente, Nada más falso que la preocupación por la naturaleza, pues resulta que la que vende PEMEX es la gasolina más sucia del mundo y a la mayoría de sus compras,  la empresa no les aplica un control de calidad.  Ya que de acuerdo a un reportaje publicado en mayo pasado por el periódico Excélsior a más de la mitad (56.7%) de las gasolinas importadas en 2014 Pemex no les hizo pruebas de calidad o las aplicó incompletas, según un reporte de la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

¿Ante este panorama que haremos? Lo único que nos queda es esperar  a que la Reforma Energética cumpla el cometido de abrir las fronteras a empresas trasnacionales vendedoras de gasolina, situación que equilibraría un poco el precio, si es que el Estado no interviene y deja al mercado que se auto regule por las leyes de oferta  y demanda. Por lo pronto compremos una bici. Feliz inicio de semana.