Por Jovita Aguilar Díaz*

Zacatecas es tierra de artistas, y de artistas de talla nacional, baste recordar a nuestro inmortal poeta Ramón López Velarde que con su obra retrató el alma del pueblo mexicano en toda su sencillez y complejidad. Manuel M. Ponce, padre del nacionalismo musical que elevó la música popular al nivel de música clásica inaugurando un género que tendría buen recibimiento hasta en las escuelas europeas en donde se estableció como materia obligatoria; Fernando Calderón iniciador del Romanticismo Mexicano con sus obras dramáticas o Julio Ruelas, pintor del Modernismo que influenció de manera notable a escritores de la talla de Amado Nervo o José Juan Tablada.

Dentro de este selecto grupo de zacatecanos ilustres, encontramos al pintor fresnillense Francisco Goitia. Nacido en Patillos, Francisco Bollaín y Goitia se educó en un ambiente tranquilo cerca de la naturaleza en la hacienda de Bañón, al lado de su padre de origen vasco del mismo nombre. Su educación académica en la Escuela de San Carlos y en Barcelona, así como sus viajes de experimentación y trabajo por Europa, le permitieron adquirir una formación muy sólida.

Fue discípulo de Francisco de Asís Galí, que fuera maestro de grandes pintores como Joan Miró. Luego de permanecer unos años en España, a su regreso a México se enlistó en las huestes villistas, en donde presenció el dolor y la miseria del pueblo en armas. Son pocas las obras que realizó con el tema revolucionario, pero de una gran significación por el realismo y la crudeza que reflejan.

Aunque es un artista que vive en la época en que nace y se desarrolla la Escuela Mexicana de Pintura y la corriente del Muralismo Mexicano, no perteneció a estos movimientos porque no creyó en ellos. Podemos ubicarlo sin embargo dentro de este grupo de artistas que retratan el México profundo, que reflejan en sus cuadros las costumbres de los mexicanos de abajo, como diría Mariano Azuela, pinta indígenas y personas del pueblo en toda su expresión, captando su esencia y dotándolos de una fuerte carga simbólica y cultural.

Dos cuadros podrían ser suficientes para reflejar la Revolución Mexicana, como uno de los pasajes más sangrientos de la Historia Universal: Tata Jesucristo y Los ahorcados. La primera ganadora de la Primera Bienal Interamericana de Pintura y Grabado de México en 1958 y considerada por los críticos como la gran obra del Arte Mexicano Contemporáneo. La segunda es una serie de ahorcados tomados al natural, cuentan sus biógrafos que Francisco Goitia colgaba de un árbol cabezas de ahorcados para pintarlos. En sus obras de la guerra se percibe el horror y la fascinación que producen en el artista los hechos sangrientos que vive en todas las batallas en las que participó, como la célebre Batalla de Zacatecas.

Una vida dedicada en cuerpo y alma a la creación no podía menos que dejar un legado invaluable al pueblo mexicano, alejado de la vida política y artística de la época, se autoexilió en el pueblo de Xochimilco cerca de los indígenas con quienes compartía su exiguo alimento. Anacoreta y franciscano por convicción, murió el 26 de marzo de 1960 de una afección pulmonar.

Zacatecas,  noviembre de 2016

*Historiadora de arte y Directora del Centro de la Gráfica de Zacatecas