Sigfredo Benavides

Una de las drogas más poderosas del momento, que rebasa ya el control de las autoridades estadounidenses en lo que se refiere a su manejo es el fentanilo, derivado de los opiáceos que ha matado a miles de estadounidenses durante los últimos años.

La revista Proceso, en su número 2140 del pasado 5 de noviembre de 2017 documenta que ese compuesto químico se traslada a Estados Unidos para su consumo por los cárteles mexicanos y que, procedente de China, viene a México donde se procesa y finalmente se exporta para su venta.

De acuerdo con estimaciones de la Administración Antidrogas de Estados Unidos (DEA), los opiáceos matan a alrededor de 130 personas de manera cotidiana, por lo que en este momento las autoridades sanitarias de ese país lo consideran ya como una epidemia.

“El fentanilo es la sustancia química indispensable para la elaboración de anfetaminas, metanfetaminas, heroína, pastillas sicotrópicas, y otros narcóticos”, sostuvo un oficial de la DEA que se negó a dar su nombre a la edición.

En su calidad de drogas sintéticas, el fentanilo, que es producido en China se compra de manera legal por los cárteles y con posterioridad, los envíos del compuesto se realizan mediante paquetería desde esa nación asiática a  empresas estadounidenses como Federal Express (Fedex) y el Servicio Postal de Estados Unidos (USPS).

En primer lugar, llegan a esas oficinas de servicio de envío, especialmente a las sucursales  de Fedex, ubicada en Memphis, Tenessee y a las de la USPS, en San Francisco, California.

“De esos centros salen hacia México”, detalla en entrevista con el medio un agente especial de la ICE (Servicio de Migración y Control de Aduanas), quien también se negó a dar su nombre al semanario.

El entrevistado añade que “para Fedex y USPS es imposible revisar todos y cada uno de los paquetes (procedentes de China), y por eso tal es el método preferido de los carteles para conseguirlo”.

Aun cuando en Memphis son apartados de manera cotidiana alrededor de 30 mil paquetes procedentes de China, ante la creencia de que puedan contener fentanilo, de cualquier manera “los agentes federales no cuentan con el personal pero tampoco con el equipo necesario de protección para examinarlos todos en tanto que puedan ser sospechosos”.

Una de las agravantes para realizar ese tipo de inspección es que el fentanilo, ya sea en líquido o en polvo, es una sustancia de suyo peligrosa, que no se puede tocar porque causa muerte inmediata, y cuyo nivel de contaminación es muy elevado.

La ICE tiene identificados, al momento, cientos de nuevos productos químicos derivados de los opiáceos como el fentanilo, para el caso de los canabinoides y cantinones.

“Lo que hace tan peligroso al fentanilo es su potencia, pues con el hecho de que toque la piel, puede causar muerte inmediata; la producción y el diseño masivo del fentanilo dificulta a las autoridades estadounidenses su detección, por lo menos en los centros de distribución de mensajería y paquetería de Fedex y USPS, argumento del que se vale la criminalidad para su traslado”

Además, la droga se puede confundir, ya que para el caso de su presentación en píldoras, éstas no se diferencian con otras drogas del mismo color de manera que, así, son inadvertidas para cualquier agente que no cuente con la tecnología necesaria para detectarlas.

Elevados precios

Asimismo, sus precios son inalcanzables, ya que mientras un kilo de heroína cuesta de manera regular de 40 mil a 60 mil dólares, el de fentanilo alcanza entre 1 millón y 1 millón y medio de dólares.

El fentanilo puede mezclarse con otras sustancias como heroína de baja calidad, lo que puede “estirar su peso en kilo a miles de dosis”.

Asimismo, tan sólo en New Hampshire en 2016 hubo alrededor de 487 muertes por sobredosis de opiáceos derivados del fentanilo mientras que en México, la producción de amapola, dejó de ser financieramente viable como ahora es la producción de ese derivado opiáceo.

“Antes podíamos saber si trabajábamos con heroína, cocaína o metanfetaminas cuando se realizaban incautaciones, mediante las respectivas pruebas de campo. (Pero) para el fentanilo no hay manera de hacer pruebas de campo, ya que una bolsa de fentanilo es difícil de identificar, pues si una persona es identificada y detenida como portadora del compuesto y el agente no tiene forma de realizar la prueba correspondiente de su transporte, y con ello detectar a la sustancia, entonces debe dejarlo en libertad”.

“La ausencia de tecnología y de equipo adecuado que ayude a los agentes estadounidenses provoca que éstos se nieguen a llevar a cabo las labores de cateo y detección, porque lo harían a costa de su vida”.

La respuesta mexicana

De modo reciente, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto afirmó no tener identificada la manera de transportación del fentanilo, además de desconocer ruta alguna del traslado de Estados Unidos a México; sin embargo, el pasado 19 de agosto de 2017, en Yuma, Arizona, una patrulla militar detuvo un camión que, desde México trasladaba 63.9 kilogramos de fentanilo envuelto en ladrillos de plástico. El Ejército informó que el camión de carga salió procedente de la ciudad de México y que tenía como destino Tijuana. Baja California.

De acuerdo con las autoridades sanitarias, en México no se tiene conocimiento de ningún caso hasta el momento pero “ya se ocupa de que personal de Fedex en México, encargado de la paquetería procedente de Estados Unidos pudiera haber sufrido algún tipo de padecimiento ante la posibilidad de contacto con la sustancia”.

La revista indica que Enrique Peña Nieto no se ha atrevido al momento a señalar a Estados Unidos como el principal proveedor de fentanilo chino para los carteles mexicanos, como lo exponen funcionarios del ICE y la DEA.

Al momento, cuando hay un total de 131 mil diferentes tipos de opiáceos, en el mercado mundial, los narcotraficantes estadounidenses, especialmente jóvenes, producen dentro de laboratorios caseros y clandestinos, diversos tipos de drogas por diseño, que ellos mismos se encargan de distribuir.

Cifras alarmantes, muerte súbita

BBC Mundo reportó en nota aparecida en internet el pasado 29 de marzo de 2016 que Estados Unidos está preocupado por el incremento en el número de personas fallecidas por el consumo de derivados de los opiáceos, “droga cuyo efecto es inmediato y poderoso, pero también letal”.

Trascendió que el fentanilo es un compuesto que se aplica para frenar determinados dolores asociados al cáncer, pero que fuera de su uso terapéutico, el número de fallecidos por su consumo ha disparado la cifra, sobre todo cuando se mezcla con la heroína, lo que duplica su peligrosidad.

Hasta fines de 2013 y de acuerdo con reportes de la DEA, se han registrado alrededor de 700 decesos relacionados con el fentanilo mientras que al concluir 2014, las muertes se incrementaron hasta 8 mil consumidores muertos mientras que  los incrementos se multiplicaron 244 por ciento entre 2007 y 2013.

Terapia y dependencia

El fentanilo es un narcótico usado como analgésico y anestésico y se trata de uno de los opiáceos más potentes para uso médico pero es capaz de generar adicción.

Tiene efectos inmediatos y una sensación más duradera que la heroína; se puede suministrar mediante inyecciones pero se consume además en pastillas y parches y su mezcla con cocaína y heroína multiplica sus efectos letales.

Antes de fallecer, los consumidores presentan diversos tipos de reacciones, que van desde diarrea, vómitos y escalofríos,  somnolencia, dolor de cabeza, mareos, naúseas, estreñimiento, sudoración, fiebre y picor espontáneo. Se presentan en 1 de cada 10 pacientes.

Frecuentes: son aquellos que aparecen en al menos 1 de cada 100 pacientes, por ejemplo la fatiga debida al efecto depresor de la función cerebral, nerviosismo, falta de apetito, dolor estomacal y sequedad bucal, alucinaciones, temblores, trastornos del habla como la disartria, alteraciones en la tensión arterial, diarrea y reducción de la frecuencia respiratoria, alteraciones en el ritmo cardíaco (bradicardia), vasodilatación, retención de agua y sensación de frío.

Se venden en “dedos”, su costo es muy barato y se pueden diseñar en laboratorios clandestinos, “al gusto del cliente”.