Por Sigfrido Benavides. Servicios especiales

El otrora abundante comercio en el centro histórico capitalino ve pasar de manera consternada sus últimos días.

La ciudad y el estado de Zacatecas, presentan -a causa de un deficiente desarrollo económico e industrial de los recursos que anualmente le envía la Federación- un decrecimiento económico propiciado por la presencia de la inseguridad en la entidad hace años.

El hecho, que ha llevado a los principales establecimientos a observar decrecimientos económicos de hasta 50 y 60 por ciento, se traduce en lo inmediato en la pérdida de empleos, de todas aquellas pequeñas y medianas empresas que en lo inmediato se ven obligadas a despedir empleados y en el último de los casos al cierre definitivo.

Todos esos establecimientos familiares, algunos de ellos instalados de manera rudimentaria, que servían en el pasado para mantener a una familia entera y a varios trabajadores, llegaron a su fin en la capital zacatecana.

Asimismo, los últimos acontecimientos de asesinatos de jóvenes mujeres y hombres en el estado, sobre todo en los dos principales asentamientos municipales del centro estatal, han indispuesto a la población a cambiar de manera radical su manera de vida.

Muchos de los entrevistados, quienes manifestaron su punto de vista respecto de la realidad por la cual atraviesan, indicaron que no querían dar su nombre ni tampoco la ubicación de sus negocios por el riesgo que en este momento corren.

Uno de ellos indicó molesto que no se había visto antes, tal caída en el porcentaje de ventas, sobre todo en un momento en el que la economía viene en picada; a la inseguridad, dijo, debemos añadir el que la economía no crece.

“Sobre todo porque la gente compra menos o de plano ya no compra nada; tal hecho es observable en las bajas cifras de ganancias que muchos de los encargados reportan quincenalmente a los patrones”.

Debemos soportar una desigualdad aberrante, que nos impide darnos el estilo de vida que antes teníamos, sobre todo porque el margen de ganancia ya no deja lo mismo; es insuficiente.

“Pero además, y lo más tremendo del caso es que de manera constante debemos correr a los empleados porque no alcanza para pagarles, sino únicamente sobrellevar los gastos en medio de la tragedia económica que en este momento sobrellevamos”.

La encargada de una zapatería relevó que, además, el centro histórico zacatecano se ha vuelto “invivible”, es decir, que ya ni siquiera se puede transitar por él a gusto, la policía no hace nada, nomás se dedican a armar bolitas en los alrededores de las calles y ni siquiera desarrollan rondines de vigilancia.

“La gente tiene miedo, dijo otra de ellas, porque de plano, los zacatecanos ya no podemos andar fuera de casa a ninguna hora; vea usted la muerte de una empleada de zapatería en días pasados, o la de la niña Cynthia, por vivir en una zona en la que no hay seguridad, no hay luz, no llegan los camiones”.

El decrecimiento económico en la mayor parte de esos negocios se ha logrado debido a la persistencia de sus propietarios, pero hace mucho tiempo que ellos, dada la actual situación económico-familiar, bien podrían haber quebrado.

Se quejaron, además, de las nuevas reformas federales, a quienes algunos señalaron de haber impuesto una serie de medidas que resultan restrictivas al  crédito.

“Pues, dijo Alberto, las reformas, que me perdonen, pero en realidad no han surtido efecto; muchas de ellas fueron votadas por los diputados para ganar prebendas políticas, pues para el caso de la laboral, ahora los empleados gozan pero de empleos rápidos y efímeros, sin seguridad, por lo que los pueden lanzar a los dos o tres meses”.

Y en la hacendaria, añadió, “qué administra Hacienda que no sea los centavos que nos quedan para declarar impuestos cuando vemos que muchos de los empresarios poderosos evaden impuestos por miles de millones de pesos”.

Un cambio de vida

Manuel, vecino de las Quintas señala que hace años, poco más de diez, los vecinos podían dejar las puertas y ventanas abiertas de sus viviendas, porque sabían que todos eran confiables.

“Hoy, los ladrones fuerzan las chapas y los candados de tu casa, entran a la mala y te desgracian todo lo que tienes, tu patrimonio, los muchos o pocos años de trabajo con que lograste algo y nadie te va a dar respuesta porque la Procuraduría está nomás de adorno”.

Al respecto, Benjamín, vecino de un barrio cercano dijo que Zacatecas “ha engendrado delincuentes cada vez con menor edad y que me perdonen las autoridades pero no es cuestión de moral en las enseñanzas de los hogares, sino de falta de oportunidades.

“Ya ve, la Universidad ya mero la quieren cerrar por sus deudotas de millones, y no hay inversión en educación, ni en salud, el campo está abandonado, la industria es precaria, paga poco, es de extranjeros, y la economía nomás no crece”.

Sin aliento

Otros, que del mismo modo se negaron a dar sus nombres, detallaron que sin inversión, no hay desarrollo. Y Zacatecas no crece ni lo hará por decreto, porque de palabras no vive el hombre.

Es más, ni siquiera puede hacerlo del turismo, porque aquí, si bien nos va, los turistas vienen y se quedan una noche pero no más; “Zacatecas no tiene nada què ofrecerles y muchos saben que al venir el estado se arriesgan”.

Las cosas están tan trastocadas que ahora te piden que acompañes a tus hijos a pedir el muerto, cuando antes era una sólida costumbre cultural de los zacatecanos. Ahora, hasta eso nos han robado.