• A nivel mundial 400 millones de niños son esclavizados
  • 55.2 millones de niños y adolescentes mexicanos son pobres

 

            “La infancia es a veces un paraíso perdido, pero otras, es un infierno de mierda”. Mario Benedetti

Por Norma Galarza

La convulsa sociedad moderna, dominada por el consumismo salvaje e irracional, condena de manera irresponsable su futuro al ignorar la importancia de proteger enérgicamente a uno de sus grupos más vulnerables: las niñas y los niños. Hoy en el mundo cerca de 400 millones de infantes son esclavizados con fines económicos. Empresas cuyo poderío global esconde las prácticas abusivas contra menores, son más comunes de lo que se piensa, ejemplo tangible de ello, es el hecho recientemente evidenciado por Greenpeace, del grupo chocolatero más famoso del mundo y cuyo recién fallecido dueño heredó una fortuna de más de 23 mil millones de dólares a su familia, el Grupo Ferrero (Ferrero Rocher),  fue exhibido por el sometimiento de cientos de niños Turcos a la explotación, en la producción de avellanas.

Y nos sólo el mundo del chocolate es amargo para la infancia, otras empresas de renombre y principalmente dedicadas a la moda con influencia alrededor del mundo, han multiplicado sus ganancias gracias al trabajo no remunerado de cientos de niños. Consorcios como TOMMY HILFINGER, GAP, LEVI´S, BENNETON y ZARA, han sido denunciados por grupos de activistas, debido a abusos de esa índole en países como India, Paquistán y Filipinas.

 

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En México la situación no es más alentadora, de acuerdo a cifras de la UNICEF  el 55. 2 por ciento de los niños y adolescentes son pobres, por lo que más de 3 millones de niños y niñas desde 5 años de edad, se ven obligados a dejar la escuela e incursionar en el mundo laboral para poder sobrevivir, muchos de ellos en condiciones de explotación y al margen de una “tibia” legislación, que hace como que no ve, a la hora de permitir los abusos.

Hoy nuestro país, ocupa el lugar 56 de 197 del ranking de prevalencia de trabajo infantil, situación equiparable a la que viven países como Somalia, Myanmar y Pakistán, de acuerdo al análisis de Riesgo Internacional de Maplecroft (organización con cede el en Reino Unido).

Zacatecas no es la excepción en esta tendencia, ya que de acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, (ENOE) nuestro estado se ubica por encima de la media nacional en trabajo infantil porque más de 100 mil niños trabajan ya sea en el mercado formal,  informal o en la mendicidad.

Además de la pobreza, que expulsa a los niños de sus hogares a buscarse la vida fuera de éste y que trae consigo desnutrición, violencia y explotación, los pequeños en nuestro país son presa fácil de la inseguridad, ya que  acuerdo a la Fundación Nacional de Investigaciones de Niños Robados y Desaparecidos, cerca de 45 mil niños son arrancados de sus núcleos familiares cada año, con fines de explotación sexual, laboral y tráfico de órganos. Las cifras son aterradoras, y cada vez es más notorio que lejos de festejos elitistas, urge que la sociedad se interese y se involucre en su protección.

Dicen de que buenas intenciones esta tapizado el camino del infierno y el México por desgracia, proliferan y que se contraponen a la nulidad de los hechos,  si bien es cierto que recientemente se cambió la legislación para que el trabajo permitido sea de 15 años en adelante, falta mucho por resolver, porque de nada sirve que sea castigable emplear a menores, si no se contribuye a erradicar la miseria a través de iniciativas que aseguren la educación y alimentación de este sector vulnerable, lo que contribuya a romper con el circulo vicioso de analfabetismo-miseria en que viven gran parte de los niños y niñas mexicanas.

A poco más de medio siglo de instaurada por la ONU la celebración mundial del Día del Niño, surgida en aras de reafirmar los derechos de la infancia universal, hoy, se puede decir que la deuda social de la humanidad con este sector de la población, lejos de aminorar, aumenta, ante una realidad injusta de miseria de la mayor parte de la población de la orbe, urge la implantación de un cambio social de conciencia, donde la máxima ideología sea erradicar individualismos en pro de un bien común. Situación que se vislumbra utópica.

Aunque, el panorama se dibuja desalentador hay pequeñas luces de esperanza ya que existen diversas organizaciones civiles que están luchando en pro de la niñez, como Amnistía Internacional y la Unicef y que han contribuido con su granito de arena para mejorar las condiciones en las que viven las niñas y los niños del mundo. Pero estas acciones aún son exiguas contra la apabullante realidad de un sistema económico cuya tendencia más marcada es hacia el enriquecimiento de una minoría sobre la pobreza de una mayoría y que provoca que resulte casi imposible cubrir todos los frentes.