Por Andrés Vera Díaz

Ese recurso, esos casi 200 mil mensuales, ese “apoyo social” creado como forma de “maiceo” institucional ha sido tentativamente eliminado. Aunque el recurso etiquetado para tal efecto tendrá vigencia hasta el último mes de la actual Legislatura y debe aún aprobarse por dos terceras partes de los cabildos de los 58 ayuntamientos, por el momento, ha dado el primer paso para su eliminación.

El enojo social como parte de la estructura de fortalecimiento para erradicar 66 millones de pesos anuales, fue sustancial, sin embargo, sabemos que no es suficiente para que los políticos modifiquen constitucionalmente los hechos, todo siempre es, en base a la voluntad política o la coyuntura.

En este momento, las elecciones requieren de un plus mediático, parte de la desesperación oficial por no solamente ganar adeptos, sino para no perderlos. En este contexto, la eliminación de las herramientas pretendió hacerse de una acción de empatía social, y es que, de forma por demás curiosa, todo el bloque oficial votó a favor de la Reforma en la que se integra la desaparición de las mismas.

El PRI – Verde – Panal jamás vota masivamente si no es por instrucción. Aquí entra la teoría de la conspiración tellista, pues se dice, el Gobernador dio línea para tal efecto, esperanzado en mantener avante esos raquíticos puntos de aprobación ciudadana a su gobierno. El problema, que el fondo quedó muy al fondo, nadie realmente creerá que fue una orden del Ejecutivo.

La oposición, de manos y voz de Luis Medina, fue el primero en proponer la eliminación de ese recurso, y desde inicio de la actual Legislatura, lo secundaron algunos otros diputados, con reservas obviamente politiqueras, porque 200 mil al mes no son nada, pero nada despreciables, ayudan a mantener cotitos de poder y claro, auto nuevo, ropa nueva, cirugías plásticas y “lujitos” que antes, o por lo menos la gran mayoría no se daba.

Aquí yace el punto en cuestión, las herramientas desde su esencia, funcionaban como una forma de condicionamiento a poderes fácticos, en especial al Gobernador en turno, era una especie de caja constante que de manera implícita obedecía a la simulación. Además, es un secreto a voces, “el maiceo” a los diputados para aprobar cierta ley, echar atrás otras o emitir “posicionamientos” completamente interesados a grupos de poder.

La promoción de reformas, modificación de leyes y otras acciones legislativas también tienen su recompensa. La dieta es para el desayunito casual. Bajo las formas de conducción de políticos, el negocio es primero, la ciudadanía después, son pocos los que realmente tienen un interés legítimo en que existan polos de desarrollo y bienestar, por eso, la ambición carcome y diluye.

En este sentido, será claro que muchos de los próximos diputados encarezcan su actuar en el Congreso, exigiendo al Ejecutivo la retribución por sacar adelante los intereses del mismo. Ya no sólo serán los cien mil pesos (recordemos ese audio escandaloso), ya no sólo serán terrenos ni acomodos de equipos serán cantidades extraordinarias que vendrán por debajo del agua. ¿Qué caso tendría ser diputado si no hay beneficio personal o gremial con un sueldo considerable, pero sin la oportunidad de negocio?. Créame, así piensan muchos de los actuales candidatos.