Por Andrés Vera Díaz

Mayoría en Legislaturas locales, Cámara baja y Alta, consigna que promueven militantes y candidatos de Morena bajo el argumento que AMLO requiere el apoyo total para la transformación del país. Una forma de colgarse de una figura emblemática y con alta credibilidad social, pero un personaje no puede ni debe sostener adhesiones o membresías de poca monta, dudosas, infames.

Son los casos de Mónica Borrego, quien pretende la reelección por el distrito uno local, y José Narro al Senado. La primera, una mujer conocida por su prepotencia exacerbada, con nula transparencia en el uso de sus herramientas legislativas, baja productividad en el Congreso y declaraciones altisonantes que contravienen en absoluto los principios básicos del partido.

Borrego tiene en su haber una serie de señalamientos por el desvío de los casi 200 mil pesos mensuales por el concepto de apoyo social, desde la falsificación de documentos para justificar el gasto, como la compra – venta de cobijas, tinacos y otros enseres en comunidades con el pretexto de “en otros lados sale más caro”.

Desde la campaña del proceso electoral pasado, fue evidenciada por no hacer campaña, fingir proselitismo y encargarle la manipulación de la información a sus asistentes quien optaron sanamente por la renuncia en la antesala de la elección. Ganó por el arrastre, pero el soporte de su triunfo se ha visto mermado desde la amenaza de  muerte –en ese entonces novio” y ahora esposo-, a quien redacta; hasta el acoso y despido de personal a su cargo por discriminación.

Es hasta evidente, que no solamente Ulises Mejía, sino la propia Soledad, la han dejado de lado, tras la pifia en una rueda de prensa donde a flor de piel, mostró su gigantesca ignorancia en temas legislativos. Pero si usted no me quiere creer está bien, acuda con cámara o teléfono a la casa de campaña de la susodicha y entrevístela como ciudadano, se dará cuenta que no miento.

La gota que ha derramado el vaso, es que como expresidente de la Comisión de Grupos Vulnerables nunca encausó una política a favor de éstos, al contrario, se atrevió a denostar a madres solteras, proyectando su elitismo más que artificial, injustificado siquiera en la forma, a pesar de que por sí mismo, es  inexpugnable en base a principios de igualdad.

Otro caso, es el de José Narro Céspedes, lucrador de la pobreza, chantajeador de empresas y oportunista político.

Narro, quien no ha dejado del todo que sus huestes en el PRD lo abandonen, bajo convenios con Ortiz Méndez ha permitido la corrupción al interior del Sol Azteca, negociando posiciones y vendiendo otras, ahora se abandera bajo la marca Morena como un luchador social. De poca monta, agrego. La realidad es que jamás ha logrado ganar una batalla que se enchaleque, su modus operandi en tomar “causa populares” para extorsionar empresas y gobiernos. Así lo ha hecho montón de veces con GoldCorp, aprovechando coyunturas de protesta para crear organizaciones fantasmas que supuestamente están en contra de la minería, pero que en realidad chantajean a la empresa hasta con 10 millones de dólares por toma de instalaciones, sin repartir nada al pueblo. Todo en conjunción con Felipe Pinedo, otro mercenario y vividor de la política, quien contradictoriamente es dueño de una mina.

Además Narro, con esa falsas vestimenta humilde, no sólo posee una organización dedicad al lucro de la pobreza, la misma le ha dado lo suficiente para tener concesiones de camiones con prestanombres, departamentos de lujo en la Ciudad de México y una fortuna dividida entre otros más.

Ahora, el tema Milpillas le queda como anillo al dedo, se cuelga de la supuesta lucha social, arengando a los pobladores de Jiménez del Teúl para “defender su agua”. Narro sabe bien como manipular masas a su favor, Está planeando una protesta y la toma de los terrenos que conforman la nonata presa para extorsionar al gobierno, con el beneficio meramente personal, aderezándola con una propuesta política populachera en torno a su candidatura.

La realidad es que ambos personajes, son un peligro para Zacatecas. Una ignorante y ambiciosa; el otro, rapaz y mercenario de la lucha de clases. El voto de castigo a –morena debe ir particularmente en contra de quienes ni son de izquierda ni pugnan por la ciudadanía. Son promotores de sus intereses particulares. Lacra política que debe ser vacunada con la negativa a otorgarles el sufragio.