Por Rafael Calzada Vázquez

El presidente electo AMLO, declaró que va a suprimir las delegaciones federales en las entidades de la República,   sustituyéndolas por coordinaciones, una especie de representación única del gobierno con subalternos que se encargarán de las diferentes áreas de atención de las dependencias de la federación.

Cualquier persona con un poquito de malicia en la interpretación de los fenómenos políticos podrá percatarse que, desde ahora, tres años antes, en las diferentes plataformas políticas hay quienes preparan su incursión en la carrera por la gubernatura del Estado.

Carlos Puente, desde ya, se vislumbra buscando con su chiquipartido, conformar una alianza estratégica que le potencie para tal propósito.  En el caso del PRI, desde luego se mete en la dinámica a querer y no la recién electa senadora por primera minoría, Claudia Anaya, a quienes no pocos visualizan  como próxima militante de Morena.

En el PAN, se encuentran desdibujados, pero siguen los grupos tradicionales de la Sagrada Familia y del club de Tobi (Chabelo) enquistados en la repartición de los cargos.

En Morena y PT,  se comienza a potenciar a la próxima secretaria de Energía, Rocío Nahle, al  próximo subsecretario de Agricultura, David Monreal, pudiendo agregarse a esta lista personajes como José Narro  y a nivel local está por verse quien logra despuntar entre los diputados locales y presidentes municipales.

Pero ninguno tendría la plataforma de lanzamiento del tamaño de la representación  gubernamental de López Obrador, concentrando a todas las dependencias federales. Con un poder entonces, igual o superior a la del propio gobernador del Estado, (por la capacidad de gestión y la capacidad de maniobra política en la entidad).

En principio es necesario tener más datos de análisis para poder encuadrar la propuesta del próximo gobierno en un esquema de desconcentración, descentralización o una franca recentralización con la conformación de virreyes estatales.

Pareciera una paradoja del federalismo.  El envío de virreyes que compitan con el gobernador en los indicadores respecto a la “satisfacción de las necesidades del pueblo”.

Sí,  anuncia que en el Estado de México, la “representante” del gobierno nacional es la Maestra Delfina  Gómez, la ex candidata a la gubernatura. Posición que podrá relanzarla hacia la nueva candidatura en condiciones preferenciales al gobierno del Estado de México.

Quien resulte coordinador, tiene un pie en la candidatura al gobierno del Estado.

Hace muchos años un gran promotor de la férrea disciplina priísta el cetemista Fidel Velázquez declaró que “el que se mueve no sale en la foto”, refiriéndose a que deberían de sujetarse los aspirantes a los tiempos y formas (líneas presidenciales) que se establecieran por el partido (con el presidente en turno como dueño absoluto del mismo)

Dicha premisa le aplicó hace treinta años a Cuauhtémoc Cárdenas.  No lo dejaban moverse, ni promoverse.

Tuvo que renunciar a su militancia para postularse por otro partido y después estar permanentemente en el activismo político para mantenerse vigente en el ánimo del electorado.

Esa lección fue perfectamente aprendida por su descendiente político el ahora presidente electo.  Que desde que “se vió” como presidenciable inició una activismo febril en cada uno de los rincones de nuestra geografía.  Ante la cerrazón de las grandes televisoras y radiodifusoras, tuvo que conformarse con prensa y radio locales de los lugares a donde iba, donde muchas de las menciones a su persona lo fueron para al editorializar la nota, desprestigiarlo y denostarlo acusándole lo menos de aventurero político, irresponsable y loco.

Sabe ahora que para consolidar su movimiento deberá de avanzar en todas las gubernaturas que tienen como titular un militante de un signo político diferente al suyo.  Aunque no esté pensando en repartir boilers solares y pedir a cada familia beneficiaria diez votos para su marca, como lo vimos en colonias y comunidades de los municipios en nuestra entidad, en el reciente proceso,  ni en abrir cancha política a sus discípulos y correligionarios a base de “masecazos”, ni pensando en poner “aduanas” que “revisen y corrijan” el paquete electoral que salió de la casilla para que cuando llegue ya vaya con resultado predefinido (antes de la jornada electoral) como lo acabamos de ver en Puebla.  Lo más seguro es que los coordinadores del gobierno federal puedan convertirse en verdaderos instrumentos de cambio, instrumentación de políticas pública y de ejercicio del poder central en los estados. Es decir en trampolines de lanzamiento al estrellato de verdadera capacidad de maniobra y autopromoción política.

No es menor el cambio.  Me preocupa no tener suficiente información.  Ya llegará. Ojalá que no acierte de nuevo en las inferencias de mi análisis. Éste sí, con apenas una declaración periodística como información.

rcalzadav@gmail.com