Dice el escritor Don Winslow que, cuando las respuestas no se encuentran en el presente, normalmente se encuentran en el pasado.

Fernando Castillo Pacheco

Abogado, columnista.Hago siempre lo que pienso y siempre pienso lo que hago. Católico y provida. No soy panista, pero cómo lo parezco.

 

 

Mucho se ha analizado ya el resultado electoral del pasado cinco de Junio, a mi parecer, las respuestas a la interrogante de por qué al PRI le fue como le fue, se encuentran en el presente y en el pasado.

El resultado electoral, analizado fríamente en sus números, representa, creo yo, la reacción de una sociedad irritada y temerosa. Tiene elementos locales y federales y no puede desligarse de una vertiente evaluatoria al gobierno del presidente Peña Nieto, en los aspectos económicos y de seguridad, pero sobre todo es una muestra del hartazgo hacia un sistema corrupto que ha hecho de las posiciones de poder, la ruta por la que accede el ladrón hacia el botín.

Hoy, México está sumido en una difícil situación, en la que parece navegar sin rumbo y esta administración ha demostrado una gran incapacidad para enfrentar los retos. Aunque el presidente es enormemente optimista, la realidad lo desenmascara, pues como decía el expresidente Carlos Salinas en uno de sus libros: “…Por más que el discurso quiera sostener lo contrario, no puede hablarse de avances ahí donde la miseria crece y disminuyen las posibilidades de una existencia digna”.

El entorno económico fue factor en el pasado proceso electoral. No hemos llegado al punto en el que los mexicanos votemos con el estómago, como el triste caso de Venezuela, pero sí muchos votaron con el bolsillo.

Y es que es cosa de apreciar la realidad en su justa dimensión. México es hoy un país muy desigual. Parece inconcebible que mientras el salario mínimo es de 73.04 pesos diarios -nivel situado 33 por ciento por debajo de la línea de bienestar- el presidente de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos perciba 173,436 pesos al mes. Además, la tendencia de creación de empleos, uno de los datos más presumidos del gobierno, refleja una aparente disminución del índice de desocupación, pero es muy preocupante que en los últimos tres años el personal que gana menos de tres salarios mínimos se incrementó en 3 millones 811,485 personas, mientras que los que ganan más de tres minisalarios disminuyo en 2 millones 9 mil 509 personas. Hoy, 42.7 por ciento de la población ocupada gana menos de 4.382 pesos al mes. Este dato es muestra de que quien quiere trabajar, lo tiene que hacer con un sueldo pobre, lo que a mediano plazo puede ocasionar una mayor disminución del crecimiento económico, pues se disminuye el dinamismo del consumo al disminuir el ingreso. No hace falta ser un genio económico para entender que si es el consumo interno lo que está sosteniendo el crecimiento, la precariedad laboral como tendencia debe prender las luces de alerta.

El calor de nuestra moneda se ha desligado del precio del petróleo y los inversionistas ven ya otros aspectos. En el primer trimestre del año, los inversionistas extranjeros retiraron del mercado mexicano de renta fija 4,336 millones de dólares, en lo que ha sido la mayor salida para un primer trimestre desde la crisis de 1995. Brasil, a pesar de todos sus problemas, ha vuelto a ser la estrella de los emergentes, porque mientras México está inmerso en la famosa estabilidad, los cariocas hoy están menos mal y nosotros no salimos de la mediocridad. Decía el presidente Peña Nieto que si las reformas se hubieran hecho hace diez años, hoy estaríamos creciendo a tasas muy superiores. A veces puede sorprender su cinismo, pues se olvida que muchas de las reformas que sacó adelante, son las mismas que 12 años bloqueó su partido.

La depreciación de nuestra moneda no es, como se ve, consecuencia de movimientos especulativos, sino de un deterioro en los fundamentales macroeconómicos y, para detener la salida de capitales , seguramente se incrementarán las tasas, pero es incierto saber hasta qué nivel el incremento en la tasa de referencia será necesario para seguir escondiendo las deficiencias fiscales y macroeconómicas del País.

La deuda pública mexicana está en niveles cercanos al 48 por ciento del PIB, sólo la deuda externa, entre fines de 2012 y marzo de 2016, se ha incrementado, en promedio, en 1,400 millones de dólares cada mes y el costo financiero de la deuda gubernamental alcanzó, sólo en los primeros cuatro meses de este año, los 89,064 millones de pesos.

La inflación mensual en mayo presento un dato de -0.45 por ciento, lo que es un número muy presumido por el gobierno, pero la tasa anual en mayo llegó al 2.60 por ciento, que representa un dato al alza y es muy preocupante que el índice de precios al productor tuviera una variación mensual de 0.73 por ciento y la tasa anual alcanzara el 5.04 por ciento, pues anticipa que la inflación al consumidor tendrá un repunte en el mediano plazo.

Tenemos un sistema fiscal patas arriba, en el que el dinero de los que trabajan, sirve para mantener a los que no lo hacen. Hay infinidad de programas sociales, con enormes presupuestos que se gastan en la forma y no en el fondo, siendo vehículos para incrementar la clientela política de los partidos y el patrimonio personal de los políticos.

No hace mucho que una empresa de servicios financieros me invitó a participar en una inversión, a modo de préstamo a un cliente suyo, que pagaba un interés anual del 30 por ciento. Cuando me presentó el proyecto completo, el crédito era para que su cliente comprara unos terrenos que cierto gobierno estatal tenía contemplados dentro de un paquete de incentivos a otorgar a una armadora automotriz. Aunque no participé, supe que lo concretaron y que se cumplió con todas las condiciones y pagaron muy puntualmente. Hace unos días, al buscar información, supe que ese gobierno pagó los terrenos en 460 por ciento el valor de compra. Es decir que una persona, por el simple hecho de ser cercana al poder y gozar de información privilegiada, hizo un negocio millonario sin necesidad de invertir un solo peso.

No sólo son la casa blanca y los casos de OHL y HIGA, sino que en todos los niveles existe un grave problema de corrupción, el cual ahora es urgente combatir.

La inseguridad es otro tema que influyó en la elección. No tanto la pantomima del supuesto secuestro del Superman tamaulipeco, Alan Pulido, sino el contexto general del fracaso en el combate al crimen, que ha desencadenado una serie de hechos violentos en el que los ciudadanos están tomando la justicia en sus propias manos.

Hoy el gobierno ha sido incapaz de proporcionar seguridad a los mexicanos y en muchos casos los está dejando a su propia suerte. El país está sembrado de cuerpos insepultos y los criminales han  encontrado nuevas formas de desaparecer cadáveres.

Hoy, el miedo a lo que vemos en el presente corrupto y el terror de volver al pasado priísta, corrupto y represor, se manifestaron en las urnas, exigiendo un cambio y expresando un rechazo a las políticas actuales.

El reto de los nuevos gobiernos es reflejar el cambio que de ellos se espera, combatir las mañas del pasado y construir un mejor futuro, que no decepcionen, pues aunque hoy fue el despertar de los malhumorados, sabemos que la esperanza se puede desvanecer, pues también cuando el diablo llega, siempre lo hace sobre las alas de un ángel.

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*Abogado. Columnista. Hago siempre lo que pienso y siempre pienso lo que hago. Católico y provida. No soy panista, pero cómo lo parezco.