Parte 1

Por Jovita Aguilar*

La gran mayoría de los museos en el mundo han nacido del amor y la pasión de personas o familias que han reunido y coleccionado los más diversos, raros y hermosos objetos. Son producto de esta pasión por coleccionar Arte, que sus dueños llevaron en muchos casos al extremo, gastando cuantiosas fortunas con el afán de obtener esa pieza, ese cuadro raro, único e irrepetible que nadie más pudiera tener.

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¿Qué lleva al coleccionista a perder el sueño en muchas ocasiones por obtener ese objeto de su deseo? ¿Cómo se inicia una colección? ¿Cómo se financia una colección? Cuando pensamos de manera simplista en la figura del coleccionista lo primero que nos viene a la mente es ese viejito de lentes que atesora cosas viejas. Sin embargo, el coleccionista de hoy en día va muchísimo más allá, existen si, los que coleccionan antigüedades: muebles, cuadros, ceniceros, monedas, estampillas o plumas, pero los hay también que invierten millones de dólares para obtener no solo una obra, sino lotes completos, ya sea de un artista, de una corriente artística o de una época en particular.

 

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En los últimos años el coleccionismo de arte ha crecido de manera desmedida e incluso escandalosa por la seguridad financiera que representa en épocas de crisis económica, ya que las obras de arte son activos que están generalmente a la alza, convirtiéndose en un jugoso negocio para casas de subastas, galerías, dillers, coleccionistas y para los propios artistas. Hablo por supuesto de coleccionistas del más alto nivel que apuestan por obra de artistas consagrados cuyas obras circulan raramente en el mercado como las pinturas de Van Gogh o de artistas emergentes. Los hay de todo tipo, excentricidades como el la reproducción a tamaño natural de un cráneo de platino cubierto por 8,601 diamantes de Damien Hirst, que salió a la venta en 100 millones de dólares en 2007.

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El caso de México es excepcional, no sólo por la cantidad de particulares, empresas y consorcios del más alto nivel que invierten en arte, baste mencionar que tres de los doscientos coleccionistas de arte más importantes del mundo son mexicanos según la revista ARTnews: el primer lugar lo ocupa Carlos Slim Helu, con 66 mil piezas que se exponen en el museo Soumaya, en préstamos y exposiciones temporales prácticamente en todo el mundo, el segundo es Eugenio López Alonso quien formó la Colección Jumex, con 2 mil 800 piezas de arte contemporáneo, que según la revista ArtReview es la colección de arte contemporáneo más importante del mundo, cuyo acervo abarca obra desde los años 60s hasta la actualidad parte de la cual se exhibe en el museo del mismo nombre y la colección de Isabel y Agustín Coppel, con una colección de alrededor de 1,500 obras. A esos nombres hay que agregarle las colecciones de la familia Garza Sada, la del dueño de la cadena de restaurantes Vips, Plácido Arango, o la colección FEMSA, considerada como la más importante de Arte latinoamericano del siglo XX en el mundo.

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Las historias de cómo se inicia una colección son tan variadas como las colecciones mismas, algunos coleccionistas como el mexicano César Cervantes del corporativo Taco Inn comenzó con un cuadro que compró en la galería de un centro comercial y de ahí le nació el gusto por comprar arte, hoy posee una de las colecciones de Arte contemporáneo más importantes de México. En el escenario regional, las colecciones de los artistas plásticos zacatecanos Pedro y Rafael Coronel tienen una historia similar. Pedro Coronel dijo alguna vez que cuando era niño iba a la biblioteca pública y leía los libros de arte que allí había, pero a los libros les faltaban las láminas, y uno de sus deseos más grandes era conocer ese arte del que hablaban los libros y cuando pudo compró y atesoró una importante colección de Arte Universal que se exhibe en el Museo que lleva su nombre en la ciudad de Zacatecas: en ella podemos encontrar desde Arte africano, egipcio, griego e indú hasta grafica de los más importantes artistas del siglo XX, como Picasso, Dalí, Kandinsky, Miró y Calder.
Por otro lado, coleccionar arte da prestigio social y legitima riquezas, eso lo han puesto en práctica empresarios e industriales en ascenso en nuestro país cuando la bonanza financiera lo propicia, porque les permite acceder a espacios de poder y riqueza.
Existen varios tipos de coleccionistas, los que compran por comprar, porque está de moda, por esnobismo, porque da caché; existen los que compran como inversión, para resguardar su dinero de los vaivenes económicos; y por último, los que atesoran el objeto de arte, aman el arte, conocen de arte. Estos últimos son selectivos, cuidadosos, obsesivos y delicados con lo que compran.
El mercado del Arte es variado, obedece al entorno y su economía principalmente. Los grandes coleccionistas compran obras de todos los tiempos, todas las corrientes y de todo el mundo. Con los años, el coleccionista se va haciendo experto, se agudiza su ojo crítico, crece su hambre de poseer piezas valiosas, raras y únicas. Aquí entra el mercado de artistas emergentes, cuyas propuestas son con cierta frecuencia tomaduras de pelo.
En Zacatecas existen por lo menos una decena de coleccionistas de obras de arte principalmente de artistas locales y nacionales, no son más valiosos que las colecciones de los propios museos zacatecanos. Por ejemplo, las colecciones del Museo Francisco Goitia con una importante colección de artistas como Julio Ruelas, Francisco Goitia, los hermanos Pedro y Rafael Coronel y el Mtro. Felguérez, algunas de sus piezas difícilmente se pueden conseguir en el mercado del arte, por ser piezas únicas, pertenecientes a determinadas épocas y sobre todo de artistas ya fallecidos (Aunque nunca falta en el mercado esa obra rara, única y valiosa).
Las pinturas de Pedro Coronel, son de las más codiciadas en el mercado local. Debido al alto precio de las pocas que circulan y al creciente interés de los coleccionistas de menor rango, en las serigrafías que su hijo Martin comercializa tienen un gran éxito. El asunto de las falsificaciones es un tema aparte del cual hablaré en otra ocasión. Los aguafuertes de Julio Ruelas, por ejemplo, se han falsificado indiscriminadamente y sólo los especialistas en el pintor modernista pueden diferenciar un grabado original de uno falso.
A mí me gusta pensar que el arte está al alcance de cualquier persona, que todos podemos poseer una obra de arte. El grabado es la mejor manera de hacerlo, porque podemos encontrar piezas realmente hermosas, con buena factura de artistas emergentes a precios verdaderamente accesibles. Entonces, ¿Cómo ser un buen coleccionista?, ¿Existe una fórmula específica que llevan al pie de la letra los grandes coleccionistas? La respuesta es sí, aunque no hay un decálogo propiamente dicho, si encontramos elementos comunes que podemos poner en práctica para convertir nuestro amor y gusto por atesorar arte en una actividad no sólo placentera sino fructífera… continuará

* Especialista en temas de Arte y Cultura