La politica de Estado de Peña Nieto: Cambiar para seguir igual.

 

Fernando Castillo Pacheco*
El extinto senador perredista Manuel Camacho Solís, en un interesante artículo decía: “el cambio lo haces o no lo haces; o te decides a hacerlo o no te decides. Lo puedes repartir en uno, dos o tres años, no tiene que ser todo de golpe. Nada más que si no tienes claro a dónde quieres llegar y no tomas las decisiones consecuentes desde el principio no vas a llegar a ningún lado”.
Al analizar la gestión de Enrique Peña Nieto bajo estas premisas, es fácil apreciar lo confuso del actuar del presidente, pues prometió un cambio de ruta y solo ha procurado la continuidad de políticas a las que le adiciona gran cantidad de acciones que terminan por no llevar hay ninguna parte.
Varios hechos de las recientes semanas confirman la ausencia de un proyecto y una ruta por la cual transitar. Con esos hechos se demuestra que el vacío de poder que se vive en muchas áreas, solo es consecuencia de la terrible ausencia de ideas en quienes tienen a su cargo el gobierno y la administración de esta nación.
El presupuesto de egresos, aprobado para el año 2016, es quizá la prueba más contundente de que Einstein tenía razón cuando definió a la locura como hacer lo mismo una y otra vez y esperar un resultado diferente.
El anuncio de un Presupuesto Base Cero terminó siendo una tomada de pelo, pues en los hechos el dinero se seguirá gastando con igual despilfarro. La austeridad es solo un buen deseo expresado con el copy-paste del capítulo relativo a los presupuestos de 2013, 2014 y 2015.
La inversión física presupuestada para el 2016, según datos del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, apenas alcanzara el 3.6 por ciento del PIB, el monto más bajo en setenta años.
No existe una verdadera idea de hacia dónde llevar el país y esto se demuestra con los hechos que tanto contradicen a los discursos oficiales. Mientras se presume la atención especial que tienen los emprendedores y la inclusión y apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas por parte de este gobierno, es increíble que los fondos para apoyar las MIPYMES haya disminuido en 33.1 por ciento hasta quedar en los 8,732 millones de pesos o ver que los recursos del Fondo Nacional de Emprendedores pasaran de 9,372 millones en 2014 a 7,861 millones de pesos para 2016.
Las acciones del Presidente están llenas de cosas curiosas, como el hecho de que los CIEN (Certificados de Infraestructura Educativa Nacional) que se emitirán con plazos de 25 años, con una tasa similar a la de los bonos soberanos mexicanos M 31 (6.47 por ciento anual) y con beneficios pagaderos cada 180 días con cargo a una partida presupuestal, no serán considerados como deuda pública por la forma de estructurarse.
Curiosa y absurda la muestra de valentía de Enrique Peña Nieto ante el G20. Se necesita valor para ante las potencias mundiales presumir el programa Crezcamos Juntos cuando el 57 por ciento de la población económicamente activa vive en y de la informalidad.
El gobierno tiene una deficiente planeación económica y financiera y esto repercute en la economía nacional.
La venta de casi 20 mil millones de dólares provenientes de las reservas internacionales no impidió que nuestra moneda se depreciara en alrededor del 25 por ciento en un año, cuando el vendaval cambiario aun no inicia, pues se espera que las mayores presiones al peso se den cuando la Fed incremente su tasa de referencia, lo qué será su reunión de mediados de diciembre.
La depreciación del peso, si bien no ha tenido efectos inflacionarios, sí ha afectado a algunas de las más grandes empresas nacionales de las qué más impuestos pagan y que un buen número de empleos generan, pues sus números se tornaron rojos por las pérdidas cambiarias que presentaron y sus finanzas se presionaron también por el efecto de descalce que se da cuando se tienen obligaciones, principalmente en dólares, y se tienen ingresos en moneda local.
Por otra parte, el presidente viajero, gustoso de realizar visitas de estado no se da cuenta de que debajo de la cortesía que recibe en sus visitas, está la imagen internacional de un Estado remendón que va muy lejos del progreso, de la paz y del liderazgo mundial tan presumido.
México está sumido en una profunda impunidad y lo que impera es la fuerza de la delincuencia.
Nadie en este país puede garantizar hoy la vida de los mexicanos.
La realidad se describe con las palabras que utilizó Carlos Fuentes en una carta entre dos de los personajes de su libro La silla del águila: “México está teñido de ríos ensangrentados y cavado de barrancas fúnebres y sembrado de cadáveres insepultos”.
El Estado de derecho es una falacia en una nación donde todos graban las llamadas de todos.
Las declaraciones de la embajadora Noruega, que deja de lado toda la diplomacia, son contundentes: “México es un país corrupto y para hacer negocios en él hay que tener cuidado.”
Como bien lo dice el supra citado escritor en la obra ya referida “el secreto priva, es cierto, pero basta una revelación para convertir la ufana impunidad de un gobernador o un presidente en vergüenza colectiva que el cinismo del poderoso no alcanza a someter”.
La presión social, al parecer, logró que las ternas para ministros de la corte no tuvieran el sesgo partidario tan notorio, pero incluir en una de ellas al cuestionado procurador del Estado de México es un aviso presidencial de que, si él lo quiere, siempre tendrá un espacio para sus amigos.
De la misma manera, la llegada de Juan Pablo Newman a la dirección de Finanzas de PEMEX, quien es un joven de 36 años sin más mérito que su cercanía con Luis Videgaray, es una muestra clara de que en este gobierno no importa tanto la capacidad como las amistades como requisito para entrar y ascender en la administración pública.
No se puede ir presumiendo eternamente las reformas estructurales del primer año ni el Pacto por México que les dio vida.
Los acuerdos políticos pudieron ser la opción si se hubiese antepuesto el interés del país, pero el experimento fracasó cuando se dejó en manos del PRI la ejecución de los acuerdos sin la vigilancia ni la participación de los demás partidos. Hoy, a tres años de ese acuerdo, no podemos decir que la educación esté mejor, que el sector energético viva un auge o que el sistema fiscal sea más equitativo o eficiente. Los créditos baratos no han llegado a la base de la sociedad, la tasa de interés promedio ponderada en tarjetas de crédito paso de 30.9 por ciento promedio en el 2013 a 30.7 por ciento promedio en el 2014.
Roger Bartra, en un espléndido artículo para la revista Letras Libres, publicado en septiembre de 2006, hablaba del populismo conservador de Andrés Manuel López Obrador y decía: “Lo llamo populismo porque su base es la relación del jefe con su pueblo, al margen de las instituciones democráticas de representación, gracias a una estructura de mediación informal por la que fluye un intercambio de apoyos y favores…
“Lo llamo conservador porque se propone preservar o restaurar formas de poder e ideas propias de nuestro antiguo régimen”.
Sin duda, ante esta reflexión, la advertencia del presidente del embate del populismo es válida y la llegada de López Obrador a la presidencia podría ser la puntilla para un país al que hoy le hace falta reorientar, controlar y supervisar las acciones de un presidente que, moviendo a México, lo ha hecho retroceder 30 años en prácticas y costumbres al llevarlo por un camino que no lleva a ninguna parte.
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