Por Norma Galarza

La mañana del martes en mi paso cotidiano por esa calle, la cinta de amarilla circulaba la construcción donde se encontró su cadáver. Mientras el corazón me latía como caballo desbocado, el instinto me provocó acelerar el vehículo mientras las sirenas de las patrullas de la policía ministerial impregnaban de alarma el ambiente.

No la conocía. Por los diarios, supe que era mujer, que la arrojaron al registro sanitario y que su cuerpo empezaba a despedir olores putrefactos.

Tenía signos de quemaduras en la piel. El exceso de pelo que alfombraba una fría obra negra fue el indicio que desembocó en un hallazgo siniestro; su cuerpo inerte, despojado no solo de la vida sino también de la dignidad humana.

De acuerdo a las crónicas de los diarios, las condiciones en las que la encontraron motivaron a que se abriera la carpeta de investigación por feminicidio.

 Otro, de los más de los 500 de este rojo 2018 de acuerdo al mapa no oficial  que suma cotidianamente la activista y defensora de derechos humanos María Salguero, a través del conteo en las noticias que publica la prensa policíaca en el país.

De manera oficial la cifra ronda en los 300, en estos primeros 5 meses del año. En Zacatecas, según el Banco Estatal de Datos de Violencia Contra Las Mujeres (BANEVIM), éste feminicidio se suma a los 3 que se han catalogado como tales este 2018, cifras extraoficiales señalan que solo en enero fueron 4 en nuestra entidad.

El cuerpo encontrado el martes, no tiene nombre, ni rostro, es una desconocida sin pasado a quien le arrebataron el futuro, nadie ha definido su edad.  Sin embargo cuando la imagino,  tiene la cara de cualquiera de las mujeres que a diario encuentro por la calle, de diferentes edades, con sueños, con proyectos.

Las huellas en su cadáver hablan del profundo odio que en este país se les tiene a las mujeres. México se ha vuelto muy peligroso porque la violencia contra las mujeres está normalizada, la violencia en general está desquiciadamente normalizada.

En Zacatecas la impunidad se percibe como el permiso del estado  a los homicidas para arrancar vidas. La prueba está en que pese a las marchas, hasta hoy,  el homicidio de la jovencita Cinthia Nayelli sigue impune.

Al igual que más de la mitad de los 14 casos de feminicidio documentados por el BANEVIM del 2017. Es posible que el asesinato de la persona encontrada el martes tenga el mismo destino; la injusticia, el vergonzante olvido.

¿Incapacidad? ¿valemadrismo? Imposible responder ¿aún Zacatecas no puede cumplir los requisitos para activar la alerta de género?

¿Sabrán que apenas el pasado miércoles la SEGOB hizo públicos los lineamientos para obtener recursos contra la violencia de género?

 ¿Dónde está el posicionamiento de Adriana Rivera, sobre el asesinato? sabrá que hay una bolsa de 97.7 millones de pesos para repartirse entre los estados que activen dicha alerta? Ignoro si formamos parte de esas 35 solicitudes que se empolvan en la federación para obtener recursos para atacar esa penosa tara.

Por lo pronto, el descubrimiento del martes volvió a cimbrarnos el alma a algunos. Queremos que esta realidad dominada por el terror ya pare. Somos madres, hijas, amigas, colegas, vivimos en constante peligro ante una apatía gubernamental que nos coloca de lleno en la indefensión ¿hasta cuándo? ¿Cuántas mujeres menos para actuar?