Por Andrés Vera Díaz

Serían 3 las candidatas comunicadoras que aspiran a un cargo de elección popular y los albores de la visión periodística entra en matices interesantes.

Mary Chávez, Renata Ávila y Verónica Trujillo tienen posibilidades de acceder, las primeras al Senado y la última al Congreso local. Propuestas interesantes de empoderamiento a la mujer, féminas destacadas en los medios de comunicación, pero sin duda, el cambio de ruta profesional o laboral modifica el quehacer periodístico, por lo menos en quienes aspiran a la Cámara Alta, para Trujillo, el trabajo en medios se reduce a la conducción.

Si la particularidad de ver el descontento social, la corrupción, el entreguismo legislativo al Ejecutivo, la gestión de recursos para el Estado de forma justa, la vigilancia en el actuar de la administración de Tello y el bienestar ciudadano son las razones fundamentales proveídas desde la óptica periodística, entonces hay legitimidad.

Sin embargo, si la comunicación es vista como una forma de posicionamiento individual para acceder al poder por el simple hecho; si los motivos son esencialmente el beneficio familiar, grupal, segregacional o la oportunidad de enriquecimiento, soportado por el hecho de que pretenderán no ser objeto de crítica por su primera labor, están equivocadas.

Se añade además, ante la circunstancia de que en muchas ocasiones los comunicadores creemos que no podemos ser criticados por nuestra “calidad moral” y por ende, retornar a la actividad periodística libres de pecado, también es un error dogmático. El contender de forma específica por ciertas siglas, no permite extender la amplitud de miras, se vuelve tendenciosa la información, por conveniencia, por consigna o por interés gremial, y eso, baja la certeza de que el trabajo informativo tenga pluralidad, más que objetividad – puesto que ésta es inexistente por concepto mismo-, pone en riesgo no solamente a ellas, a la ocupación per se.

Los reporteros, comunicadores, conductores o periodistas tenemos el derecho de tener una preferencia política y electoral, también de proyectarla en los medios, pero siempre cuidando que la crítica y el análisis se haga de forma extensiva, porque esa es la esencia de la actividad, porque eso es lo que promueve la democracia y la ciudadanía.

Desde un punto de vista particular, me parece que son buenos prospectos, pero entonces, ¿seguirán esa ruta en términos definitorios?, o, ¿cómo esperar un retorno a los medios en caso de una derrota con la licitud de generar información creíble?. El cuidado en las formas dependerá de ello, la autovaloración, autocrítica y autoanálisis condicionantes para mantener congruencia. Suerte a las tres.