Heraclio Castillo Velázquez

El pasado fin de semana el municipio de Fresnillo se volvió a vestir de colores con el segundo matrimonio entre personas del mismo sexo, aunque en esta ocasión se trató de la primera unión entre dos mujeres. Es el cuarto matrimonio igualitario en Zacatecas, pero reitero, es el primero con carácter lésbico.

Enfatizo en este punto porque la comunidad lésbica no solo en Zacatecas, sino en todo el país, ha sido férrea defensora de este tipo de uniones civiles y fueron una fuerza determinante para que estas se aprobaran en la legislación de la CDMX y en otras entidades. Vaya desde este espacio una enorme felicitación a la pareja de recién casadas.

Sin embargo, también quisiera hacer algunas reflexiones en torno al tema. Me llamó la atención que a pesar de que en el activismo LGBT+ se busca visibilizar el tema, especialmente en Zacatecas donde se busca la aprobación de la reforma al Código Familiar para dar paso a este tipo de uniones, esa visibilidad se vio opacada y no conocemos de la pareja más que el nombre de una de sus contrayentes (María de la Paz Barrón) y las manos de ambas

Se trató de un hecho histórico y, no obstante, la constancia se perdió quizás en una decisión personal de no exhibir su imagen, algo en lo que estoy totalmente de acuerdo, pues todos los individuos tienen derecho a la privacidad en su vida. Aunque la lucha de los activistas LGBT+, especialmente de la comunidad lésbica en Zacatecas, por visibilizar el tema perdió una gran oportunidad para posicionarlo en la agenda pública.

Desde la sociedad civil organizada no se ha cejado en la lucha por lograr que estas uniones civiles se aprueben en Zacatecas, a pesar de quienes cuestionan esta reforma al Código Familiar basados en el prejuicio. Convendría aclarar que lo que está en discusión es una unión civil regulada por el Estado, no por la Iglesia. Hablamos de leyes, no de sacramentos. Uno no tiene la culpa de que a la unión de dos personas se le haya denominado de la misma forma entre la Iglesia y el Estado, aunque cada uno tenga su propia definición.

Si seguimos pensando que la única finalidad del matrimonio (o quizás la primordial) es la procreación, no imagino la culpa que han de sentir las parejas heterosexuales que luego de años de intentarlo no han podido concebir por X factores. Reducir el matrimonio a la procreación como finalidad también es dejar de lado todas aquellas implicaciones que tiene para la sociedad y que no necesariamente se relacionan con la procreación.

Ahora bien, como ya hemos advertido en otros estados, continúa la problemática sobre el acceso a otros derechos cuando se establecen este tipo de uniones, incluso en Zacatecas, donde los matrimonios igualitarios son ya una realidad que no tienen marcha atrás. Entre estos otros derechos se encuentra el acceso a la salud, pues a la par se requiere una reforma a la Ley del IMSS para dar cobertura a la pareja y, en su caso, descendientes al tratarse de una familia homoparental.

Aquí vemos otro caso de discriminación indirecta: no se niega el servicio, pero se apela a la falta de formatos para realizar el registro ante el IMSS. De ahí la necesidad de realizar reformas complementarias, en este caso, para leyes federales que regulan a instituciones donde prevalece la heterosexualidad como norma. Ya en columnas anteriores he comentado que las instituciones de salud son las segundas con mayor número de quejas por discriminación hacia la comunidad LGBT+, de acuerdo con los últimos estudios de la Conapred.

En definitiva, a pesar de los primeros cuatro matrimonios igualitarios en Zacatecas, estos se han resuelto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) cuando existe la oportunidad de que los diputados aprueben la reforma al Código Familiar que permita a las parejas del mismo sexo acudir a su respectivo Registro Civil y contraer matrimonio como cualquier otra persona que hace un trámite sin necesidad de un desgastante proceso de amparo.

Desde este espacio no solo yo, sino los interesados en el tema, hacemos un exhorto a los diputados de la LXII Legislatura del Estado de Zacatecas para que a la brevedad se lleve al pleno el dictamen de reforma correspondiente y garanticen en la práctica que existen todos los derechos para todas las personas. Como en columnas anteriores, reitero: gays y lesbianas también tienen derecho a ser infelices. Sí al matrimonio igualitario.