Por Jael Alvarado Jáquez*

(Hay spoilers, muchos. Ya dije)

Partamos de un principio: toda biografía es ficción. La biografía es un campo de batalla donde campean la vida pública del personaje, la vida íntima del personaje y la imagen se desea hacer perdurar del personaje. Freddie Mercury es un personajazo que ni pintado para hacer de él un drama trágico: el hombre de infinito talento y carisma desenfrenado, agobiado por los demonios de la carne, la imposibilidad del amor y, finalmente, flagelado por una enfermedad mortal. Oh. La tensión entre lo que amamos y admiramos del agraciado Freddie, y lo que odiamos y repudiamos del homosexual y toxicómano Freddie, que ha dado material para una mitología extensa y que daría para una historia épica, se quedó en una película bonita pero con partes difuminadas.

Según mi valoración, lo mejor, mejor mejorcísimo de la película son tres cosas: 1. El reparto (que es una gloria: buenos actores haciendo grandes papeles; el trabajo físico es evidente: se notan las horas de ensayos, se nota el esfuerzo corporal y se notan las horas de estudio del personaje). 2. La recreación de los videos y los conciertos, junto con la dirección de arte y la recreación de las épocas: es hermosa, minuciosa, abrumadora y culmina con una reproducción eterna y al centavo del Live Aid. Y 3. El diseño sonoro es magnífico: desde las texturas y movimientos de los instrumentos, hasta el uso inteligente, sorprendente, del chorro de metáforas sonoras/visuales (anáforas, antítesis, contrastes… me desmayo, traíganme una coca). Apuesto hasta unas caguamas a que esta película se gana todos los globodeoros o los óscars o las charamuscadoradas por Mejor Edición de Audio.

Lo masomenos es el guión. La estructura y el tiempo narrativo se sienten bien armados, que se han quejado de que “las-fechas-no-coinciden-ñe”, no lo encuentro tan grave: los anacronismos son necesarios para hacer una historia fluida, que agarra buen ritmo al irse entramando con las canciones. Pero los diálogos son otro cuento. Salvo los que eran irónicos o flemáticos, la mayoría eran tremendamente cursis y predecibles, como de telenovela de las 6.

Lo malo, malísimo, es el uso de recursos dramáticos muy sobados: ¿personaje llorando bajo la lluvia? checked. ¿Personaje hecho bolita, triste y solo, en medio de una fiesta? checked.. Personaje mirándose al espejo, reflexionando sobre su vida? checked. ¿Personajes discutiendo sobre un asunto sentimental y uno de ellos se da la vuelta y sigue hablando con la mirada perdida en la ventana? ¡Checked! (Para mí ese fue un error de dirección muy grave. Singer, my dear: deja que tus personajes se miren a los ojos, lloren, se desbaraten.)

Finalmente, una opinión bieeen personal: el drama tiene ciertos códigos. Uno de esos códigos indica que la redención de un personaje es más poderosa si primero lo haces caer en toda la oscuridad que te sea posible. Freddie tenía esa oscuridad manifestada en adicciones de todo tipo, jotería, promiscuidad, egolatría, soberbía, holgazanería… ¿Está bien chingón usar esa oscuridad para que al final el personaje arrepentido brille y nos haga llorar? Sí ¿La usan en la película? No. Al contrario, la oscuridad de Freddie se diluye en el momento en que se nos presenta a Paul Prenter como un siniestro maquinador de intrigas que arrastran a Freddie al abismo y la perdición. Perdición muuuy ligerita porque no hay escenas de desnudos, ni de drogas, ni homoerotismo desenfrenado. Entiendo que la película no se quiere cebar en la imagen maldita de Mercury, sino hacer más visible sus aspectos creativos y su lado sensible y tierno pero, insisto, mostrar un poco más de decadencia hubiera ayudado mucho a una hermosa redención del personaje y a intensificar su halo trágico.

¿Es la mejor película? Es buena a secas, pero verla es una experiencia memorable, porque todo lo bien hecho de la película finalmente aplasta a lo chafita, porque la música y la nostalgia y la recreación de los conciertos y las lentejuelas y los kimonos… todo te envuelve y te hace sentir bonito y extasiado. Pero yo soy una señora que llora con todo (hasta con el comercial de Suavitel) y en esta película canté y me reí, pero no lloré. Y César Rincón tampoco lloró y eso sí es síntoma de que nos faltó algo.

Bueno, ya, esto está MLNLL. (muy largo, no lo leí). Estoy en toda la disposición de debatir o de batirme en el campo del honor sobre cualquiera de los puntos descritos.

*Periodista, radialista, diseñadora de audio, artista visual, domadora de bestezuelas.