La moneda sigue en el aire

Flavio Vidales/La Cueva del Lobo

Primer debate Clinton vs. Trump: gana el peso
Tras el debate entre la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump, el peso resultó la moneda con el mejor comportamiento; se ubicó con una ganancia de 1.9 por ciento, para quedar en 19.51 unidades.
Los mercados financieros dieron como vencedor a Hillary, pero después empezaron a tener algunas dudas. El peso se cotizaba en 19.9163 unidades por dólar a las 20:30 de la noche de Nueva York (19:30 de México) antes del debate. Desde que éste comenzó, el peso se fortaleció porque los analistas vieron a una Hillary vencedora. A las 3:35 de la mañana la cotización llegó a 19.4392, pero el peso empezó a perder terreno desde entonces y a las 9:20 de Nueva York llegaba ya a 19.6694. A las 12:20, sin embargo, la cotización estaba otra vez en 19.4582.
El debate de Estados Unidos fue buena televisión y al parecer atrajo un público de 100 millones de personas.
Ni un eventual triunfo de Trump le permitiría cumplir sus principales amenazas (Texas se opondría a perder más de un millón de puestos de trabajo si se cancelara el TLCAN y no habría fondos para pagar 19 millones de dólares por milla que costaría el muro) ni el probable triunfo de Clinton alejaría las tentaciones proteccionistas anti libre comercio de las que es portadora, junto con sus pulsiones de exportación-imposición, al resto del mundo, de los valores ‘americanos’ promovidos por los movimientos neoconservadores.
Tras 170 años de aprendizaje de generaciones de mexicanos a percibirse víctimas del poderío militar estadounidense, desde la guerra de 1847, y de la penetración posterior del poder imperialista, económico y cultural, hoy ahonda la discordancia el alegato cacofónico de Trump, a la vez prepotente y lastimero, amenazante y vendedor de terror, de un Estados Unidos que se hace pasar por víctima en busca de venganza de México y de los mexicanos, de su comercio y de sus migrantes, considera José Carreño Carlón.
Leo Zuckermann resume tres puntos:
1.- Uno de los perdedores del debate fue México en un tema que nos importa muchísimo: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), uno de los grandes éxitos económicos de nuestro país en los últimos cincuenta años.
2.- Si ésta fuera una elección normal, no habría ninguna duda de que Hillary ganó el debate del lunes.
3.- Me dan envidia los estadunidenses. Qué maravilla ver a los candidatos presidenciales debatiendo de verdad. Atacando, replicando, interrumpiendo, criticando y, sí, a veces, hasta coincidiendo. El moderador, Lester Holt, dejó fluir el debate.
María Amparo Cásar advierte:
Concediendo que Clinton tuvo un mejor desempeño lo que importa de los debates es si logran mover a los electores. Al momento de escribir este artículo no hay nuevas encuestas sobre cómo se movieron las preferencias. Eso lo sabremos hacia el fin de la semana cuando las impresiones del debate pasen por el filtro de los medios y las evaluaciones de los líderes de opinión se posicionen. Calculo que de haberse producido un cambio éste no será de gran magnitud. La verdad es que aunque Hillary mostró más empatía, ninguno de los dos convenció, ninguno emocionó. Puede haber un rebote como ocurrió después de las convenciones, pero faltan 46 días para las elecciones y dos debates más.
El análisis histórico muestra que generalmente los debates no mueven las preferencias o sólo lo hacen un par de puntos porcentuales. En unas elecciones tan cerradas como las de este año, dos puntos pueden ser cruciales para el triunfo, pero hay muchos otros factores con mayor potencial para ganar o perder estos dos puntos: desde eventos inesperados pasando por errores de los candidatos o los comerciales en la TV.
La gran ganancia para Clinton puede ser haber puesto un alto a su descenso en las preferencias o a la tendencia al alza que Trump ha venido mostrando en las últimas semanas. No está mal, pero México y buena parte del mundo se seguirá tronando los dedos por el posible triunfo de Trump.
Concluye David Brooks
En el debate, ambos candidatos no necesitaban tanto consolidar el voto duro de sus bases sino intentar persuadir al amplio segmento de indecisos que persiste a seis semanas de la elección presidencial. El objetivo era alcanzar a republicanos moderados, sobre todo mujeres blancas suburbanas y a los jóvenes.
Ambos siguen como los dos candidatos presidenciales más reprobados por el electorado en la historia reciente. Los analistas y estrategas están a la espera para ver si el debate de anoche cambió la percepción popular.
Hay dos debates más programados entre Clinton y Trump en octubre. Pero crece la especulación de que el republicano podría decidir no participar, algo que su asesor, el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, abiertamente proponía desde anoche, con la justificación de que los periodistas que sirven de moderadores no son imparciales.